Octubre: hipócrita -sin memoria-

Por: Marlon Mora
Para este octubre será muy común recibir noticias en beneficio de un grupo poblacional importante caracterizado por un bordón que hace juego con sus canas. Por esa remembranza en su bandeja de correo electrónico recibirá mensajes cursis, presentaciones multimedia fantásticas; inclusive en su teléfono algún sms le recomendará la manera más adecuada de pasarla bien, si el colágeno ya no reboza en su cutis. Todo porque en este mes Naciones Unidas conmemora con el mundo a nuestras personas adultas mayores. Hasta el momento todo eso está bien. Lo malo está en la pobre memoria, que se tiene y en la hipocresía que se cae ante una población que se le niegan muchos derechos.
Por eso es bueno hacer memoria. En Costa Rica la población adulta mayor llega a casi el 10 por ciento y la demografía de la vejez dicta una realidad poco halagadora en el sentido del impacto del envejecimiento mundial: la reconocida pirámide de población parece más, una copa rebosante, que una figura geométrica. Esto alerta la necesidad de políticas de protección a favor esas personas porque el envejecimiento causará impactos en lo político, lo social y económico del planeta. Por eso, no será extraño que los políticos miren ese grupo poblacional como “importante” de cara a un proceso electoral.
Del mismo modo, para nadie es un secreto que la figura de la persona adulta mayor en la actualidad ya no goza del respeto de años atrás. Cada vez está más de moda estar joven y repleto de energía. Inclusive,  en el 2009 me pude cerciorar con una investigación  que en Costa Rica estar viejo es razón suficiente para desvincularle del sistema. Así, esa lejanía hacia el mayor y el culto a la belleza pueden estar arrastrando a muchos en la sociedad a abandonarlos en un hospicio blanco.
El ciclo de la vida y de los políticos. Mientras, los políticos entregan premios a nuestros mayores en hogares de ancianos improvisados para hacer la mal llamada “comunicación política”, esa conveniente donde se les ve haciendo cosas buenas y el resto del año ignoran la condición de sus conciudadanos, esos víctimas de la violencia sistemática en nuestros hogares, en la calle, cuando suben al autobús y piden un trato digno o simplemente cuando en el banco les miran “feo” porque tienen un espacio preferencial.
Tenemos una Ley 7935, Ley Integral de la Persona Adulta Mayor, que celebra trece años de ser ley de la República. Pese a tan valioso instrumento jurídico, lastimosamente muchas de las premisas expresadas en la ley en la realidad son letra muerta ante la gran cantidad de violaciones a este grupo en situación de vulnerabilidad. Una muestra: el aumento de la violencia en los mayores física, psicológica o patrimonial año con año.
Garantías de papel. La legislación existe pero no es garantía de respeto de derechos para los adultos mayores. El problema que hay no es la ley sino la poca capacidad de acción que se les da a los individuos mayores para exigir sus derechos y la falta de conocimiento de la mayoría de sus conciudadanos de tales derechos.
Este mes conmemoramos el día internacional de las personas adultas mayores, pero la memoria colectiva sigue sin darles su lugar -un respeto merecido- y por el contrario les niega su dignidad desde muchos espacios sociales. Les invito a conmemorar menos y amar más.
Un buen amigo argentino: 91 años y con la vitalidad de siempre