Huérfanos víctimas del femicidio

  • Calamidad social detrás de la muerte de las mujeres. 
  • Prevención posible con respuesta en “stand by”.  
Femicidio en “Autopsia”

Académicas e intelectuales han definido el femicidio como al asesinato de la mujer en razón de su género, por odio hacia las mujeres, por rechazo a su autonomía y su valor como persona o por razones de demostración de poder machista o sexista. Detrás de esas concepciones nos encontramos una lucha de valientes que se enfrentaron a los sistemas para imponer la teoría de género.

Justa y necesaria teoría. Y es gracias a esa teoría de género nutrida por muchas mujeres que se hizo la protesta simbólica, donde se le dio la vuelta a la revolución sexual acuñando un nuevo significado para el patriarcado y evidenciando el daño de la violencia doméstica y sexual.
Desgraciadamente, el mundo sigue sin indignarse ante la esclavitud sexual, la violencia, las mujeres en la guerra, la trata de personas y la prostitución infantil. Por eso, debemos luchar por un cambio en las malas prácticas judiciales que caen en lo absurdo e injusto cuando las mujeres se quejan ante un juez por los malos tratos de su marido y la pregunta es: ¿Qué hizo usted para provocarle?
Apuntando. La muerte de las mujeres no es un tema ajeno en la realidad para nuestra región Centroamérica en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua: la violencia deja desamparada a una familia todos los días. Y nuestro país el año pasado cerró con una cantidad de femicidios alarmante. Más de 60 mujeres muertas dejaron como saldo una ruina social difícil de superar en la vida de las familias víctimas de esta problemática.

Orfandad, maldita calamidad…

Hombres pendejos. Nuestro país no es la excepción. Una muestra de la diversidad del formato y modus operandi de los femicidas se ven constatados en sus víctimas, que no les perdonan nacionalidad, edad o estrato social. Sino que lo diga ese macho dominante que tocó la puerta de Margarita Vásquez de 74 años en Orotina, el taxista que asesinó de un balazo en la cabeza a su compañera sentimental mientras celebraban un cumpleaños; o aquel hombre, si puedo llamarle de esa forma, que huyó con sus hijos luego de matar a su pareja, Laura Guerrero, en navidad.
Detrás de la muerte de Laura se da una situación que debemos estudiar y atender de manera prioritaria. Porque esos niños presenciaron la muerte de su madre, pero también hoy mismo viven a flor de piel el miedo, la duda y la extrañeza de un mundo indiferente. El trauma y la orfandad de sus dos hijos de cinco y once años de edad son un claro ejemplo de la necesidad de trabajar desde diferentes instancias judiciales, de educación formal, de campañas institucionales dirigidas a la capacitación y toma de conciencia y la necesidad del apoyo de los medios de comunicación colectiva en este proceso de sensibilización.
Perversa operación. ¿Todos prevenibles? Pues sí.  Ya es tiempo de una transformación en los deficientes sistemas judiciales, pero también a la necesidad de indignarse ante el asesinato despiadado de mujeres, que trae consigo este desastre; porque donde una mujer encuentra la muerte: la calamidad ha llegado a la familia.