Happy endings (interruptus)

No le dio tiempo de mucho,  al pobre “cliente”
Cuando la hora del pin – pin se acabó. Esta es una crónica poco usual, pero real y que tuvo lugar en Barrio Amón cerquita de la terminal de buses Caribeños. La comparto porque, recientemente, un buen amigo me comentó su afición por las pastillas para la difusión eréctil esas que levantan supuestamente hasta a un muerto.  Y el asunto va más o menos así…
8: 23 p.m. San José, Barrio Amón. Pensión Anita.
Eran las ocho y resto de la noche cuando un caballero había estado coqueteando con varias damas de una pensión del conocido Barrio Amón. Minutos antes se había tomado una pastillita mágica para poder hacer de las suyas.
A pesar de venir bastante alegré el susodicho muchachón rechazó a todas y espero que se desocupara su preferida, la famosa Anita Ramos, con quien no pensó dos veces y subió a los cuartos, ubicados en el segundo piso del inmueble dedicado a esos menesteres.
9:33 p.m. En las escaleras de la alegría…
Según, las compañeras de esta amante de la vida alegre,  el hombre de 65 años de edad era  de los habituales y para aquel día mientras el cliente subía las gradas ya se mostraba bien “happy”; pues sabía a lo que iba. Contó Ramos que su cliente desde que entró al cuarto se soltó la faja y lo dominaba el desorden, mejor dicho el hombre venía con ¡buena gana!
9:36 p.m. Pin, pin, pin, pin, pin.
 “Estábamos en pleno acto haciendo el amor cuando vi que comenzó a convulsionar, se movía muy raro. No me lo hacía como siempre, me asusté toda y comencé a gritar. Vi que cayó muerto, por eso salí corriendo, porque me dio mucho miedo. Salí chinga sin darme cuenta”, narró aquella mujer ante semejante suceso.
El escándalo hizo que todas las trabajadoras del sexo salieran despavoridas de los cuartos, dejando a sus clientes desvestidos y alborotados. Las que estaban desocupadas también acudieron a vinear lo que pasaba. Así como verán eso era una reunión de puros “coitus interruptus”, lo subrayo porque es nombre científico.
9:41 p.m. Happy ending.
Cuando llegaron el caballero estaba muerto en el piso muy cerca de la puerta donde quedó tiesitico y ya no de efectos posteriores a la famosa pastilla azul.
Dorla, una de las mejores amigas de Ana, acató llamar al 911 para que enviaran una ambulancia para ver si le salvaban la vida. En pocos minutos llegaron los socorristas de la Cruz Roja, pero no había nada que hacer. Sin embargo, como dijo Dorla al menos el viejito: “Murió feliz”.
Por eso, para los aficionados a este tipo de medicamento: a tomar sus precauciones… porque como verán hay muertos que no levanta.
-Historia real: publicada en medio de prensa escrita costarricense. Los detalles son propios de este investigador-.
Cuidado con esos métodos: pueden costar la vida.

Columna de opinión Con Doble M

Quisiera compartir la historia de dos personajes que tenían de todo, pero al final la vida les jugó una, que cambiaría en perspectiva sus sueños y sus posibilidades.

Alejandro Fernández es un tipazo, alto, rubio y con capacidad sobrada para echarle el cuento a cualquiera. Hace muchos años por cosas del destino fue abusado sexualmente por un pariente. En la actualidad tiene 39 años y en el pueblo lo conocen como el matador. No hay mujer que se le resista y desde que se casó hace más de 27 años ha comprobado que su mujer le tiene paciencia.

“Este Jandrito es un ejemplo para nosotros sin proponérselo le salen unos güilones, que uno no podría negarles un poquito de amor nocturno”, comentó uno de sus amigos y gran admirador de sus fechorías, Pepe Chavarría.

Con el paso del tiempo esa reputación le ha merecido algunos problemas con hombres casados o solteros celosos. Su respuesta siempre es la misma: “Yo no busco, a mí me buscan”, dice frecuentemente con un tono de rajón de primera.

A pesar de todas las características de varón superpoderoso en la casa aquella reputación no le vale de mucho. Inclusive, en los pensamientos de su esposa yace un marido en realidad muy poco activo.

Con el paso del tiempo dicen que solo hay una amiga, que conoce ese otro lado de Alejandro Fernández. La razón en la escuela, él mismo le confesaría su predilección por los hombres. Debe ser por eso que es común verlo pasando jornadas largas con sus amigos, mientras presume sus andanzas tal vez casi nunca consumadas.

Del otro lado de la moneda

Luisa Dosamantes es una mujer preciosa de pies a cabeza. Cuando camina no solo hipnotiza con su movimiento de piernas sino con la liberación de sus feromonas, un perfume de perfecta química corporal, hace que le sigan el camino al olfato de kilómetros de distancia.

Esta chica de 24 años tiene todo lo que necesita para triunfar en la vida: belleza, inteligencia y chequera con buenos fondos. Lamentablemente, hace algunos años después de una decepción amorosa se refugió en el libertinaje y la utilización de drogas.

Lo lamentable es que unos meses después Luisa no es más la belleza americana que todos admiraban sino una joven de una reputación para nada buena y con un presupuesto que ningún dinero del mundo le salva: tiene Sida.

Retorno

Definitivamente, Alejandro quisiera volver a su infancia y evitar aquel desastre que cambiaría su vida. Peor aún lo que hace a sus hijos y a su esposa por una simple decisión que marcó hasta a sus mejores amigos. Sin embargo, hace unas semanas declaró abiertamente su homosexualidad y hoy es un hombre feliz, cuida a sus hijos y respeta a su esposa. No tiene pareja decidió darse unas vacaciones.

En el caso de Luisa sus aprendizajes son hoy taller para muchos de sus amigos y parientes. Su vida no puede cambiar, en especial, la enfermedad que carga consigo, pero si sabe hacer bien el compartir su experiencia para que otros aprendan lo peligros de tomarse la vida tan a la ligera…

Ahí tiene un poquito de ficción y realidad, que agota las posibilidades de cualquiera.

Por: Marlon Mora