Sexo, sexo, sexo: crónica de un ritual esperado (II Parte y final)

Sexo

Nervios atacan en esa primera vez.

Crónica de un ritual esperado 

Por: Roberto Blanco Ramos / historiador

“Solo sé que por fin no hemos encontrado, y que tú eres el príncipe vehemente y yo soy la princesa inclemente” Roberto Bolaños, Putas Asesinas.

1:00 am, lo que falta de la noche, la hora de hacerse hombre (Segunda Parte)

Luego de despedirse de algunos amigos y de aquella que te conté, había que enrumbarse al lugar esperado. El joven, Luis, Toño, y dos amigos más emprenden el viaje en un taxi. En el camino el joven recuerda lo que una vez le dijo su padre.

-Mirá papito, la cosa fue así, la primera vez que fui estaba en Honduras, bueno ya sabes que yo estuve allá toda mi adolescencia, y como yo desde que tenía catorce años trabajaba en el ambiente hotelero, tenía mis contactos, vos sabes. Fue en un momento en el que yo tomaba un montón, vea ver webon no quiero que siga estos pasos, te podes tomar una que otra birrita, pero que no se te haga costumbre. Bueno la vara es que nos fuimos unos compañeros y yo a uno muy tuanis cerca del hotel en que yo trabajaba, solo había buenos quesitos, vieras mae que cositas me encontré esa ves, hasta un privado me regalaron. ¿Y sabes por qué?, y esto nunca se me va a olvidar. Fíjate que cuando llegué a la entrada, un chavalo no me va diciendo, ¡mirá vos el hijo de carne seca!, que haces aquí, hoy su papá no viene por estos lados, pero bueno aquí te tratamos bien, disfrute bastante bienvenido…

-Mae webon ya llegamos, ¿qué le pasa? Está como ido ¿En qué piensa playo?

– Ah mae sí ya se perdón ¿Cuánto hay que pagar?

El taxi marcaba 4500 colones, luego de dividirlo entre cinco, todos se bajaron, menos el joven, era la hora precisa para cerrar el plan maestro.

-Disculpe señor, usted cree que le pueda pedir un favor, antes de entrar al chate ese, es que ahí supongo que hay mucho ruido es para llamar a la güila y decirle que ya llegué donde un compa, y bueno usted me entiende es para que no escuche nada raro, ¿puedo hacer la llamada aquí en el carro?

-Claro hágale, lo que uno tiene que hacer verdad, para que no se den cuenta ja, ja, ja- le respondió el taxista.

El nombre de aquel lugar rememoraba a un clásico dibujo animado, de los años sesenta y de color rosado. Juzgue usted estimado lector de cual se trata. El precio para entrar al lugar “venerable” era de 5000 colones, e incluía dos tragos, sin embargo a esas alturas el joven ya no quería tomar más.

1:30pm, todos los compas se sientan a observar el espectáculo, dos mujeres muestran sus cuerpos semidesnudos en una especie de escenario, falta poco para que se conviertan en cuerpos desnudos. El joven no observa nada novedoso de lo que pudo haberse imaginado, de cómo era aquel lugar esperado. Sin embargo, hubo algo que sí le llamo la atención, y que le puso los nervios de punta. Un hombre corpulento es subido al escenario, las dos mujeres comienzan a desvestirlo, entre abucheo y rechifla el hombre se ve muy perturbado. Acto seguido una voz se escucha como en una especie de altoparlante.

-Aquí si señores solo lo mejor, les presento al cumpleañero de la noche, muchachas denle su regalo. Y ustedes, estimado público, sigan disfrutando de la noche, la birra Heineken está en muy buen precio. En ese preciso momento, el joven no dejaba de mirar al pobre hombre que hacía el ridículo, y solo en una cosa pensaba: puta pobre mae ese, ni siquiera se le ha parado, debe estar cagado.

Una vez terminado el espectáculo, la voz se volvió a escuchar.

-Señores, ¿tendremos a otro cumpleañero que desea su regalito?

El semblante del joven comenzó a ponerse rojo, –mae cabrones ni se les vaya a ocurrir decir que yo, que los mató.

-Tranquilo mae lo del cumple queda entre nosotros- dijo Luis para tratar de calmarlo.

Faltando 15 minutos para que fueran las dos de la mañana, la mujer observó al joven con una mirada provocadora, había escuchado que el joven estaba cumpliendo años, eso significaba la oportunidad perfecta para sacarle una buena platica. El joven sitúa su mirada en la mujer y esta le coquetea inmediatamente. El joven piensa: ¿Será que con esta tengo suerte, puta no se ve tan mal, pero me cago no creo que vaya a poder, estoy muy nervioso, mierda que es lo que me está pasando? No puedo quedarle mal a Luis y a Toño, esos maes si se mandaron, y no les ha pasado nada. Bueno a ver qué pasa…

Con estos carajillos si me gano alguito, especula la mujer.

-Y que guapillos, ¿quién me invita a un trago? ¿Quién es el afortunado cumpleañero?- había preguntado la mujer. Por supuesto que ella sabía quién era el cumpleañero, aquel quien se le había quedado viendo con una contemplación de lujuria y excitación, o ¿era eso lo que ella pensaba? Aquel miramiento se pudo haber interpretado de muchas maneras, poseía algo de excitación es cierto, pero también algo de nerviosismo, ansiedad y culpa. Esta última, por aquella persona a la que el joven le había mentido de forma descarada, o, ¿era acaso una forma consuetudinaria que de ahora en adelante podría ponerse a prueba?

– Y entonces, ¿me prestan al cumpleañero un ratico?, -dijo la mujer.

– Ahí te hablan webon,- comentó Toño.

Después de aquel comentario, la mujer emprendió un paulatino desplazamiento hacia donde estaba sentado el joven. Cuando llegó a su meta, la mujer se sentó sobre el joven, el sudor del joven era evidente, sobre todo cuando aquella corta enagua exhibía la ropa interior de la mujer.

-Tranquilo mi amor que yo no muerdo, a ver invítame a un tragito.

– Eh es que ahorita no tengo plata, pero tengo este cupón que vale para un trago.

– No mi amor, ese no cuenta, ¿no querés disfrutar un ratico conmigo?

Esa primera plática, le había bastado al joven para darse cuenta de que esa madrugada, no se iba a convertir en todo un hombre, una mezcla de emociones que iban desde repulsión, al verle la boca a la mujer, la cual evidenciaba una dentadura muy deteriorada, hasta una tremenda sensación de temor, porque si el joven le hubiera seguido la corriente, aquello podría haberse convertido en su primera vez.

El joven apartó de forma abrupta a la mujer, esta a su vez se puso algo enojada, un disculpe ahorita no puedo, no le fue suficiente para mandar al carajo al joven.

-Mae mae lo veo muy mal, cabrón- dijo uno de los amigos del joven.

– Mae diay la verdad no sé qué me pasa.

En ese momento la mujer encontró consuelo con otro hombre, quién estaba sentado al frente de los cinco jóvenes. Inmediatamente, una ofensa que pretendía herir la hombría del joven, se pudo escuchar:

-¡Jueputa, este si es un hombre de verdad!

5.00 am: La mujer llega a su casa, una sonrisa de su hijo le basta para saber que su jornada laboral ha concluido.

Pero pa, decime la verdad, ¿enserio ese día estuvo tan tuanis?, ¿pudiste, bueno vos sabes, hacer aquello? Mirá papito si disfruté bastante, pero bueno, te voy a decir la verdad no pasó nada, yo eso ya lo había hecho desde hace tiempo, no tuve que ir a un lugar de esos para hacerlo….

-¿Qué hora es, webon?,

-Las once de la mañana

– ¿Mae en que piensa?

– No en nada, tranquilidad.

Sexo, sexo, sexo: crónica de un ritual esperado (I Parte)

Primera vez

La primera vez…

Crónica de un ritual esperado

Por: Roberto Blanco / historiador

Para mi tata (1958-2015), con todo cariño

El punto de partida: El anhelado viernes por la noche, primera parte.

7:00 pm, en un barrio capitalino una mujer se alista para su jornada laboral. En aquel barrio, ya casi no hay gente en las afueras, todos buscan el refugio de la noche en sus hogares. Los niños han terminado de jugar desde la cinco de la tarde, los vecinos regresan de sus trabajos, cansados de venir estrujados en el bus, “avancen en doble fila colaboremos”, es lo que escuchan una y otra vez. Cuando se bajan del bus deben caminar por calles solitarias, ansían llegar a sus casas y descansar. Algunos trabajan al día siguiente, mientras que a otros les toca madrugar. En algunas esquinas se puede vislumbrar a ciertas personas, que son vistas por los vecinos con malos ojos.

– “Cuando aprenderán esos cabrones” le dice un vecino a otro. Mientras que esos individuos catalogados como “parias”, siguen en lo suyo.

– Aquí antes todo era distinto, insiste el vecino.

7:45 pm, la mujer continua alistándose, luego de una ducha con agua fría, escoge su vestimenta, unos tacones de color blanco pueden ser los indicados, sus talones ya están acostumbrados al cansancio de esos tacones. Una enagua de color negro le combina con su blusa de color negro con puntos blancos. En un cuarto solitario se escucha a un niño llorar, que hijueputa carajillo más necio, ya va a empezar a joder, piensa la mujer. 8:00 pm, una cena provechosa le espera en la cocina, necesita de buena energía para que la noche le rinda. 8: 15pm, palabrea con una vecina para que le cuiden a su hijo.

-¿A qué hora te espero hoy?- le pregunta su amiga.

– Siempre te digo lo mismo, no seas necia, todo depende de cómo este la noche- le responde la mujer.

-Bueno ya sabes espero una buena paga, no te hagas la maje que ya me debes una plata, y ya me estoy hartando de cuidarte al carajillo.

-Shhhh no seas necia que yo te pago, ¿cuándo te he quedado mal?

– Bueno bueno, ya de por si le agarré cariño al güila.

8:30pm, los últimos retoques, una buena maquillada, siempre hay que estar presentable para estos cabrones, recapacita la mujer. 8:45 pm, se despide de su hijo, que por fin ha logrado dormirse. 9:00pm, el inicio de una larga noche.

-Que Dios te acompañe, le dijo su amiga.

8:00 pm, en un barrio en Rohrmoser un joven se alista, para lo que será una noche de ensueño. Claro, lleva dieciocho años esperándola. Conmemora mentalmente lo que una vez su padre le dijo: mirá esto hay que hacerlo siempre, es parte de la vida, nada más no tomes demasiado porque después la goma es mucha, y dejá de fumar cabrón porque si no vas a terminar como yo. En la ducha reflexiona en torno a las mentiras que tendrá que inventarle a su novia. Después le inventó que fue idea de Toño, ese mae es un necio para estas varas, ya ha ido a varios lugares de estos, la verdad si promete, no voy a ser tan playo de decir que no, se dice a sí mismo. Cuando terminó de bañarse otro recuerdo, lo mantuvo ocupado mientras se ponía su ropa.

Mae mae imagínese cuando ya podamos comprar guaro con toda tranquilidad.

-Sí la verdad estaría en todas, y ya no tendríamos que hacer el bañazo, de pedirle a alguien que nos compre el guaro.

– Y los blancos, yo no tomo si no hay blanquitos para matizar.

– Bueno, bueno, ese chavalo se ve buena nota, ¿a quién le toca preguntarle?, Luis mae no te hagás el ruso, porque te toca a vos pedirle.

En el preciso momento en que Luis, se disponía a hacer la hombrada con la finalidad de poder embriagarse toda la noche, Toño lo interrumpió, Luis y el otro joven se quedaron atónitos.

-Di webon que pasa, -exclamó Luis

– Mae sorry lo que pasa es que se me vino algo a la mente.

-¡Que putas!- gritó Luis de forma iracunda.

-Suave déjeme explicarles, cuando tengamos cédula no vamos a ponernos a tomar como locos, antes hay que hacer algo más importante, que obviamente también incluye guaro.

– ¿Qué cosa es?- preguntó el otro joven.

-Vean maes, vamos a hacer un pequeño ritual, cada vez que uno de nosotros cumpla dieciocho años, va tener que ir a un night club, para iniciarse en la vida real…

Y así fue como llegó aquel esperado día, le tocaba el turno a él, esta vez tenía la ventaja de ir acompañado, ya que Luis y Toño tenían la edad suficiente y ambos ya habían pasado por aquel ansiado ritual.

Después de aquella refrescante ducha y de escoger su atuendo, el siguiente paso era comer. Por supuesto, la plata no le daba para tanto, la comida en aquel bar podría resultarle muy cara y aparte lo importante era tomar, tomar y tomar. Cuando bajó a la cocina se preparó unas pizzas congeladas, ese suculento manjar le bastaría para no gastar en comida. Acto seguido una especie de interrogatorio le aguardaba.

-¿Bueno cuál es tu plan?,- le preguntó su tía, que desde hace varios días le daba posada. Claro, no quería llegar a su casa en un estado deplorable de ebriedad.

– Voy con Toño y Luis y otra gente a aun bar cerca de aquí-, respondió con un tono de nerviosismo.

-¿Y aquella que te conté, no va ir?, pregunta su tía.

– Ehhh sí sí llega con una amiga-dijo el joven. Aquella afirmación le hacía pensar en que una sola persona podría arruinarle su plan, tenía que planificarlo de forma muy meticulosa, cualquier metida de pata, significaría el final de una relación, que en el fondo no tenía ni pies ni cabeza. Que hijueputa vida con estas viejas, porque la mía será tan celosa y a veces tan controladora, no podrá entender que esto hay que hacerlo, que forma parte de la vida de un hombre, me cago en todo, bueno ahí veré que hago si se da cuenta, pensó el joven mientras digería sus pizzas.

– Bueno ya sabes ahí tenés las llaves de la casa, igual yo no soy como tu mama que tiene que esperarte a que llegués para ponerse a dormir.

– Sí muchas gracias tía, ahí llego…

9: 45 pm. La mujer se siente como en su segunda casa. A esta hora no hay mucho movimiento dentro de aquel lugar. Espero que la noche sea buena, bueno todavía es temprano, a estos cabrones hay que esperarlos un poco más tarde, cuando ya vienen hasta la mierda de borrachos, mejor así sueltan más platica, especula mentalmente la mujer de forma impaciente.

10:00pm, ha pasado una hora desde que el joven, junto con Luis, Toño, la persona que podría arruinarlo todo y otros compitas, disfrutan del ambiente relajado del bar. Al joven le llueven las felicitaciones, junto con algunas aseveraciones acerca de las proezas que de ahora en adelante podría realizar.

-ja, ja, ja este cabrón no aguanta nada, ya se está poniendo muy pegado, y con nada.

-mae di webon, si lleva como seis shots de tequila ja, ja, ja y todos para celebrar que el muy webon ya no tiene que decirle a alguien que le compre sus blaquillos.

El guaro comienza a jugar un rol protagónico en su plan, le promete cielo y tierra a la persona que podría arruinarle la noche, ella sugiere que solo cuando está borracho se pone tierno. Pero no importa, el guaro consumido lo convierte en todo un experto en frases dulces y amorosas que cautivan a aquella que te conté, como le decía su tía.

-mae ve con esta mujer yo quiero pasar el resto de mi vida, no ves lo buena que es, ¿mi amor usted sabe lo mucho que la amo verdad?- afirmaba y preguntaba una y otra vez el joven, claro especulaba, aunque estuviera borracho, que eso ayudaría a concretar su designio de masculinidad. Aquel que esperaba día y noche desde que empezó el año, el año en que se convertiría en todo un “machito”.

Los utensilios para hacer el amor

sexualidad

La tienda y la acción.

Por: Alejandro Mora / historiador

En una de esas conversaciones de banalidades, como les llama un amigo, salió el tema de averiguar qué productos, implementos u otras chucherías cargan en su bolso o mejor dicho bolsito las llamadas trabajadoras del sexo; es curioso el que la gente dé por un hecho la situación, pero no su conformación; porque estoy seguro que poca gente se ha detenido en dichos detalles y en tratar de averiguar con la rigurosidad científica debida.

Dicha rigurosidad me llevo a buscar como fuente no al usuario sino a la proveedora, pues al final quién, sino una de las dueñas de una tienda de productos eróticos como la mejor informante; imagínenlo así ¿cuánto tiempo se puede tardar y a cuántas mujeres debía encuestar y a la vez interrumpir de sus funciones para obtener estos datos? Por eso me fui directo a conversar con la informante clave.

La ventana: cataplum

De esas vitrinas típicas de tienda que quiere llamar la atención de una manera sutil y morbosa, la tienda en cuestión nos daba un ligero adelanto de lo que en su interior íbamos a encontrar. Quizá por lo que representa nuestra extraña forma de ser, agazapada mejor dicho, es que no observamos mayores cosas en las vitrinas, nada fuera de “normal” se observaba, digamos ropa estrafalaria, algunos disfraces e incluso juegos para parejas se muestran al pasante.

Al momento de abordar a dueña del establecimiento y de comentarle nuestro objetivo, todo dentro de un proyecto que busca romper estereotipos e informar sobre los desinformados que somos; notamos una total disponibilidad y simpatía para con nuestra curiosa idea. Es así como se inicio una simpática, pero interesante conversación:

– ¿Entonces, uno podría afirmar que no solo “clientes frecuentes” vienen acá de compras?

– “Pues, así es”, afirmó. “La tienda tiene una clientela muy diversa, ya que vienen desde personas a curiosear y ver si llevan algo hasta personas que saben qué quieren y son frecuentes. Un sex shop no son solo condones o lubricantes, ni siquiera solo dildos o muñecas inflables, son artículos que complementan la vida e interacción de parejas de cualquier preferencia sexual”.

– ¿Cómo diría usted que actúan los compradores? – le pregunté -.

– “Pues el costarricense promedio es sumamente morboso y malpensado, basta con ver a los que pasan por frente de la vitrina y sus reacciones, de hecho por eso pensamos en no exhibir ciertas cosas ahí para tratar de hacer que al menos entren a la tienda; incluso hay ciertas restricciones de qué mostrar y qué no, usted sabe, por pasar menores de edad y gente conservadora”.

Una risa y ciertos gestos me hicieron ver que me encontraba ante alguien más abierto en formas de concebir la sexualidad y el placer. Algo difícil de encontrar en personas de su edad hoy por hoy. Pero dígame, las clientes que se dedican al sexo como profesión ¿Qué le compran?

– “Pues ellas y ellos, porque también tenemos hombres en ese sentido, los llamado strippers y acompañantes, suelen llevar cierto tipo de lencería, es más venga a la sala aparte de la tienda para mostrarle mejor”.

Me llevó a un espacio aislado y hasta separado por rótulos que indicaba Prohibido el ingreso a menores de edad.

– “Ve estas cosas son las que llevan, porque el erotismo debe estar presente en sus actos, ya sean públicos o privados”.

– Mmmm… interesante, uno pensaría en cosas más físicas o productos químicos.

– “Claro, es lo típico, lo básico pensaría yo; pero incluso nosotros tenemos juegos de mesa, artículos de fiesta para despedidas de solteras, disfraces, ropa y productos u objetos de placer que usted tiene en mente”.

– “Como usted lo dijo, lo típico, lo básico”.

– “Yo que llevo tiempo en esto, le podría decir que hay cosas que siempre encontrará en el bolso o maletín de estas personas, esas serían: preservativos, lubricante, chicles, gas pimienta en el caso de las mujeres sino algo más agresivo para su defensa”.

– ¿Más agresivo? – dije -.

– “Sí, armas de fuego, pequeñas. ¿Nunca ha escuchado la canción de Rubén Blades de Pedro Navaja?”.

– Sonreí y le reconocí que sí la había escuchado cientos de veces…

– “Las mujeres somos desconfiadas y a falta de físico pues algo así les garantiza un poco de paz; aunque hablando con algunas me han dicho que tienen alguien que les apoya, les vigila y que sabe dónde se encuentran por aquello que pase algo, vaya y observa en las zonas del Rey o en Amón y Otoya y verá que no le miento. Los varones son distintos, tienen ventajas físicas. Ya cuando tienen clientes especiales, pues vemos otros productos en sus bolsos, como dildos, cremas, esposas, mecates y poppers. Hay tanto, los travestis y prostitutas son los que más ropa compran”.

Ver tanta cosa en un lugar, incluso objetos que no me imaginaba me dejó una cierta lección, puesto que la sociedad y el contexto de esta nos limita terriblemente, ver con la libertad con que me habló quien me atendió es un contraste a lo existente en el país, el placer debe ser algo democrático, algo que se viva y experimente sin que te digan qué hacer y qué no, o sin que se cuestione el porqué se lleva a niveles que le pueden resultar incómodos a grupos que buscan mantener el status quo; yo creo que lo que nunca nos puede faltar en el bolso, cartera o maletín es las ganas de vivir al máximo lo que somos y no dejar que nos limiten.

Tienda

La tienda y la ventana del cataplum.

Niñez perdida en el infortunio

Por: Gineth Rivera / historiadora

Le voy a contar la verdad es que mi mamá hacia trabajos que a mí no me gustaban, siempre había hombres distintos en casa -igual siempre vivíamos en la miseria-. Lo peor no era la falta de arroz y frijoles sino que ella siempre estaba drogada. Mientras mi hermana y yo pensábamos que estaba enferma y tomaba sus medicinas.

De milagro estamos vivas si las desgracias caminaban más rápido, que nuestras pequeñas mentes y eso lo marca a uno. Una vez entraron a la casa unos hombres armados, ellos buscaban un cliente que frecuentaba la casa los jueves por la tarde -eso ellos no lo sabían- mi mamá estaba tirada en la cama “reposando su medicamento” mi hermana y yo del susto nos metimos en un baúl grande que habían en la casa.

El baúl nos protegió de los balazos pero no del miedo. El corazón de mi hermana latía tan fuerte que lo sentía en mi pecho o de repente era el mío, pero de la tensión del momento no lo asimilaba. La duda de esos latidos era el menor problema que tenía en ese momento no podía darle la mano a mi hermana porque la tenia en carne viva, con la mala suerte que a pocos días un cliente de mi mamá la había castigado al ignorar sus petición de hacerle un trago mientras ésta jugaba -él le puso las manos sobre el disco de la cocina caliente-.

Al ir creciendo uno va aprendiendo de la vida; en busca de un destino distinto para mí y para ella yo necesitaba ser más avispada que mi mamá. Yo era muy bonita y varios hombres querían pagarme por compañía, primero solo les vendía compañía y así tuve varios clientes para la compra de mi virginidad.

Yo aprendí a hacer trampa: vendí algo que no podía ofrecer, porque un maldito me la robo. Para esas edades tempranas desconocía el negocio del amor; solo pensé que me toco como obra de la vida, como legado de mi mamá: esa misma que dormía mientras yo soportaba el trabajito. Esa primera experiencia sin pago alguno y tutelado en la justicia garantista como violación.

Analicé los movimientos de fichas en el negocio, sabiendo que tenía que ser diferente a mi mamá y así mi hermana tendría una vida distinta del servicio del amor, seguro le hizo falta porque ella se encarga de la administración de los negocios mientras hay claridad y yo durante la “claridad artificial” en la oscuridad.

Mi vida es distinta a la de mi mamá pero anclada en su pasado, por eso me he rodeado de amargura, supervivencia, perjuicio, amor y compasión: una historia que se resume en ELLA, que guarda cicatrices en su alma, sus manos y su corazón.

Abuso. Fotografía: Gineth Rivera.

Abuso. Fotografía: Gineth Rivera.

Happy endings (interruptus)

No le dio tiempo de mucho,  al pobre “cliente”
Cuando la hora del pin – pin se acabó. Esta es una crónica poco usual, pero real y que tuvo lugar en Barrio Amón cerquita de la terminal de buses Caribeños. La comparto porque, recientemente, un buen amigo me comentó su afición por las pastillas para la difusión eréctil esas que levantan supuestamente hasta a un muerto.  Y el asunto va más o menos así…
8: 23 p.m. San José, Barrio Amón. Pensión Anita.
Eran las ocho y resto de la noche cuando un caballero había estado coqueteando con varias damas de una pensión del conocido Barrio Amón. Minutos antes se había tomado una pastillita mágica para poder hacer de las suyas.
A pesar de venir bastante alegré el susodicho muchachón rechazó a todas y espero que se desocupara su preferida, la famosa Anita Ramos, con quien no pensó dos veces y subió a los cuartos, ubicados en el segundo piso del inmueble dedicado a esos menesteres.
9:33 p.m. En las escaleras de la alegría…
Según, las compañeras de esta amante de la vida alegre,  el hombre de 65 años de edad era  de los habituales y para aquel día mientras el cliente subía las gradas ya se mostraba bien “happy”; pues sabía a lo que iba. Contó Ramos que su cliente desde que entró al cuarto se soltó la faja y lo dominaba el desorden, mejor dicho el hombre venía con ¡buena gana!
9:36 p.m. Pin, pin, pin, pin, pin.
 “Estábamos en pleno acto haciendo el amor cuando vi que comenzó a convulsionar, se movía muy raro. No me lo hacía como siempre, me asusté toda y comencé a gritar. Vi que cayó muerto, por eso salí corriendo, porque me dio mucho miedo. Salí chinga sin darme cuenta”, narró aquella mujer ante semejante suceso.
El escándalo hizo que todas las trabajadoras del sexo salieran despavoridas de los cuartos, dejando a sus clientes desvestidos y alborotados. Las que estaban desocupadas también acudieron a vinear lo que pasaba. Así como verán eso era una reunión de puros “coitus interruptus”, lo subrayo porque es nombre científico.
9:41 p.m. Happy ending.
Cuando llegaron el caballero estaba muerto en el piso muy cerca de la puerta donde quedó tiesitico y ya no de efectos posteriores a la famosa pastilla azul.
Dorla, una de las mejores amigas de Ana, acató llamar al 911 para que enviaran una ambulancia para ver si le salvaban la vida. En pocos minutos llegaron los socorristas de la Cruz Roja, pero no había nada que hacer. Sin embargo, como dijo Dorla al menos el viejito: “Murió feliz”.
Por eso, para los aficionados a este tipo de medicamento: a tomar sus precauciones… porque como verán hay muertos que no levanta.
-Historia real: publicada en medio de prensa escrita costarricense. Los detalles son propios de este investigador-.
Cuidado con esos métodos: pueden costar la vida.

Columna de opinión Con Doble M

Quisiera compartir la historia de dos personajes que tenían de todo, pero al final la vida les jugó una, que cambiaría en perspectiva sus sueños y sus posibilidades.

Alejandro Fernández es un tipazo, alto, rubio y con capacidad sobrada para echarle el cuento a cualquiera. Hace muchos años por cosas del destino fue abusado sexualmente por un pariente. En la actualidad tiene 39 años y en el pueblo lo conocen como el matador. No hay mujer que se le resista y desde que se casó hace más de 27 años ha comprobado que su mujer le tiene paciencia.

“Este Jandrito es un ejemplo para nosotros sin proponérselo le salen unos güilones, que uno no podría negarles un poquito de amor nocturno”, comentó uno de sus amigos y gran admirador de sus fechorías, Pepe Chavarría.

Con el paso del tiempo esa reputación le ha merecido algunos problemas con hombres casados o solteros celosos. Su respuesta siempre es la misma: “Yo no busco, a mí me buscan”, dice frecuentemente con un tono de rajón de primera.

A pesar de todas las características de varón superpoderoso en la casa aquella reputación no le vale de mucho. Inclusive, en los pensamientos de su esposa yace un marido en realidad muy poco activo.

Con el paso del tiempo dicen que solo hay una amiga, que conoce ese otro lado de Alejandro Fernández. La razón en la escuela, él mismo le confesaría su predilección por los hombres. Debe ser por eso que es común verlo pasando jornadas largas con sus amigos, mientras presume sus andanzas tal vez casi nunca consumadas.

Del otro lado de la moneda

Luisa Dosamantes es una mujer preciosa de pies a cabeza. Cuando camina no solo hipnotiza con su movimiento de piernas sino con la liberación de sus feromonas, un perfume de perfecta química corporal, hace que le sigan el camino al olfato de kilómetros de distancia.

Esta chica de 24 años tiene todo lo que necesita para triunfar en la vida: belleza, inteligencia y chequera con buenos fondos. Lamentablemente, hace algunos años después de una decepción amorosa se refugió en el libertinaje y la utilización de drogas.

Lo lamentable es que unos meses después Luisa no es más la belleza americana que todos admiraban sino una joven de una reputación para nada buena y con un presupuesto que ningún dinero del mundo le salva: tiene Sida.

Retorno

Definitivamente, Alejandro quisiera volver a su infancia y evitar aquel desastre que cambiaría su vida. Peor aún lo que hace a sus hijos y a su esposa por una simple decisión que marcó hasta a sus mejores amigos. Sin embargo, hace unas semanas declaró abiertamente su homosexualidad y hoy es un hombre feliz, cuida a sus hijos y respeta a su esposa. No tiene pareja decidió darse unas vacaciones.

En el caso de Luisa sus aprendizajes son hoy taller para muchos de sus amigos y parientes. Su vida no puede cambiar, en especial, la enfermedad que carga consigo, pero si sabe hacer bien el compartir su experiencia para que otros aprendan lo peligros de tomarse la vida tan a la ligera…

Ahí tiene un poquito de ficción y realidad, que agota las posibilidades de cualquiera.

Por: Marlon Mora