Sexo, sexo, sexo: crónica de un ritual esperado (II Parte y final)

Sexo

Nervios atacan en esa primera vez.

Crónica de un ritual esperado 

Por: Roberto Blanco Ramos / historiador

“Solo sé que por fin no hemos encontrado, y que tú eres el príncipe vehemente y yo soy la princesa inclemente” Roberto Bolaños, Putas Asesinas.

1:00 am, lo que falta de la noche, la hora de hacerse hombre (Segunda Parte)

Luego de despedirse de algunos amigos y de aquella que te conté, había que enrumbarse al lugar esperado. El joven, Luis, Toño, y dos amigos más emprenden el viaje en un taxi. En el camino el joven recuerda lo que una vez le dijo su padre.

-Mirá papito, la cosa fue así, la primera vez que fui estaba en Honduras, bueno ya sabes que yo estuve allá toda mi adolescencia, y como yo desde que tenía catorce años trabajaba en el ambiente hotelero, tenía mis contactos, vos sabes. Fue en un momento en el que yo tomaba un montón, vea ver webon no quiero que siga estos pasos, te podes tomar una que otra birrita, pero que no se te haga costumbre. Bueno la vara es que nos fuimos unos compañeros y yo a uno muy tuanis cerca del hotel en que yo trabajaba, solo había buenos quesitos, vieras mae que cositas me encontré esa ves, hasta un privado me regalaron. ¿Y sabes por qué?, y esto nunca se me va a olvidar. Fíjate que cuando llegué a la entrada, un chavalo no me va diciendo, ¡mirá vos el hijo de carne seca!, que haces aquí, hoy su papá no viene por estos lados, pero bueno aquí te tratamos bien, disfrute bastante bienvenido…

-Mae webon ya llegamos, ¿qué le pasa? Está como ido ¿En qué piensa playo?

– Ah mae sí ya se perdón ¿Cuánto hay que pagar?

El taxi marcaba 4500 colones, luego de dividirlo entre cinco, todos se bajaron, menos el joven, era la hora precisa para cerrar el plan maestro.

-Disculpe señor, usted cree que le pueda pedir un favor, antes de entrar al chate ese, es que ahí supongo que hay mucho ruido es para llamar a la güila y decirle que ya llegué donde un compa, y bueno usted me entiende es para que no escuche nada raro, ¿puedo hacer la llamada aquí en el carro?

-Claro hágale, lo que uno tiene que hacer verdad, para que no se den cuenta ja, ja, ja- le respondió el taxista.

El nombre de aquel lugar rememoraba a un clásico dibujo animado, de los años sesenta y de color rosado. Juzgue usted estimado lector de cual se trata. El precio para entrar al lugar “venerable” era de 5000 colones, e incluía dos tragos, sin embargo a esas alturas el joven ya no quería tomar más.

1:30pm, todos los compas se sientan a observar el espectáculo, dos mujeres muestran sus cuerpos semidesnudos en una especie de escenario, falta poco para que se conviertan en cuerpos desnudos. El joven no observa nada novedoso de lo que pudo haberse imaginado, de cómo era aquel lugar esperado. Sin embargo, hubo algo que sí le llamo la atención, y que le puso los nervios de punta. Un hombre corpulento es subido al escenario, las dos mujeres comienzan a desvestirlo, entre abucheo y rechifla el hombre se ve muy perturbado. Acto seguido una voz se escucha como en una especie de altoparlante.

-Aquí si señores solo lo mejor, les presento al cumpleañero de la noche, muchachas denle su regalo. Y ustedes, estimado público, sigan disfrutando de la noche, la birra Heineken está en muy buen precio. En ese preciso momento, el joven no dejaba de mirar al pobre hombre que hacía el ridículo, y solo en una cosa pensaba: puta pobre mae ese, ni siquiera se le ha parado, debe estar cagado.

Una vez terminado el espectáculo, la voz se volvió a escuchar.

-Señores, ¿tendremos a otro cumpleañero que desea su regalito?

El semblante del joven comenzó a ponerse rojo, –mae cabrones ni se les vaya a ocurrir decir que yo, que los mató.

-Tranquilo mae lo del cumple queda entre nosotros- dijo Luis para tratar de calmarlo.

Faltando 15 minutos para que fueran las dos de la mañana, la mujer observó al joven con una mirada provocadora, había escuchado que el joven estaba cumpliendo años, eso significaba la oportunidad perfecta para sacarle una buena platica. El joven sitúa su mirada en la mujer y esta le coquetea inmediatamente. El joven piensa: ¿Será que con esta tengo suerte, puta no se ve tan mal, pero me cago no creo que vaya a poder, estoy muy nervioso, mierda que es lo que me está pasando? No puedo quedarle mal a Luis y a Toño, esos maes si se mandaron, y no les ha pasado nada. Bueno a ver qué pasa…

Con estos carajillos si me gano alguito, especula la mujer.

-Y que guapillos, ¿quién me invita a un trago? ¿Quién es el afortunado cumpleañero?- había preguntado la mujer. Por supuesto que ella sabía quién era el cumpleañero, aquel quien se le había quedado viendo con una contemplación de lujuria y excitación, o ¿era eso lo que ella pensaba? Aquel miramiento se pudo haber interpretado de muchas maneras, poseía algo de excitación es cierto, pero también algo de nerviosismo, ansiedad y culpa. Esta última, por aquella persona a la que el joven le había mentido de forma descarada, o, ¿era acaso una forma consuetudinaria que de ahora en adelante podría ponerse a prueba?

– Y entonces, ¿me prestan al cumpleañero un ratico?, -dijo la mujer.

– Ahí te hablan webon,- comentó Toño.

Después de aquel comentario, la mujer emprendió un paulatino desplazamiento hacia donde estaba sentado el joven. Cuando llegó a su meta, la mujer se sentó sobre el joven, el sudor del joven era evidente, sobre todo cuando aquella corta enagua exhibía la ropa interior de la mujer.

-Tranquilo mi amor que yo no muerdo, a ver invítame a un tragito.

– Eh es que ahorita no tengo plata, pero tengo este cupón que vale para un trago.

– No mi amor, ese no cuenta, ¿no querés disfrutar un ratico conmigo?

Esa primera plática, le había bastado al joven para darse cuenta de que esa madrugada, no se iba a convertir en todo un hombre, una mezcla de emociones que iban desde repulsión, al verle la boca a la mujer, la cual evidenciaba una dentadura muy deteriorada, hasta una tremenda sensación de temor, porque si el joven le hubiera seguido la corriente, aquello podría haberse convertido en su primera vez.

El joven apartó de forma abrupta a la mujer, esta a su vez se puso algo enojada, un disculpe ahorita no puedo, no le fue suficiente para mandar al carajo al joven.

-Mae mae lo veo muy mal, cabrón- dijo uno de los amigos del joven.

– Mae diay la verdad no sé qué me pasa.

En ese momento la mujer encontró consuelo con otro hombre, quién estaba sentado al frente de los cinco jóvenes. Inmediatamente, una ofensa que pretendía herir la hombría del joven, se pudo escuchar:

-¡Jueputa, este si es un hombre de verdad!

5.00 am: La mujer llega a su casa, una sonrisa de su hijo le basta para saber que su jornada laboral ha concluido.

Pero pa, decime la verdad, ¿enserio ese día estuvo tan tuanis?, ¿pudiste, bueno vos sabes, hacer aquello? Mirá papito si disfruté bastante, pero bueno, te voy a decir la verdad no pasó nada, yo eso ya lo había hecho desde hace tiempo, no tuve que ir a un lugar de esos para hacerlo….

-¿Qué hora es, webon?,

-Las once de la mañana

– ¿Mae en que piensa?

– No en nada, tranquilidad.

Satán, prostitución y púlpitos

Pros

Acción. Imagen tomada de internet.

Por: Félix Picado Blanco / historiador

El cura del pueblo desde el púlpito había apagado tenuemente las llamas de la pasión de los locos desmedidos, taciturnos y mojigatos, hombres que habían soñado con gozar de mujeres desnudas sobre los tubos del night club “La Montaña” que algunos meses atrás abrió en la zona de Los Santos -siendo el primer local de ese tipo-.

Anterior a la apertura de este club nocturno existió un putero llamado “El Continental”. Más conocido como “El Conti”, un lugar predilecto para los migrantes que se trasladaban desde otras regiones del país y de países vecinos a recolectar el grano de café en las faldas de este valle. Su periodo de mayor recepción era por tanto los días que transcurren entre noviembre y febrero coincidiendo con el periodo de recolección del fruto.

Había que pasar frente al “Conti” un sábado luego de que pagaban los dueños de las fincas de café el trabajo de la semana. De seguro que una gran parte de lo que ganaban estos hombres trabajadores y pulseadores se les iba en pagar satisfacción a sus deseos sexuales más profundos. Las filas eran impresionantes e iban creciendo conforme el reloj comunicaba la llegada de la noche.

Su periodo de mayor apogeo alcanzó los últimos años de la década de los noventas y los primeros años del nuevo siglo. Ya hacia finales de la primera década de este siglo cerró debido a las condiciones insalubres que según el Ministerio de Salud albergaba. Se podían observar desde lejos -cada vez que uno pasaba por el centro de la ciudad-   prostitutas que eran vecinas del lugar; y en alguna otra ocasión mujeres que venían de otras partes del país. Se decía que el mayor porcentaje de visitantes eran migrantes temporales, sin embargo, más de uno autóctono y conocido del pueblo no se escapó de rondar los pasillos del prostíbulo más famoso de la región.

Hasta el año anterior abrió un nuevo local de este tipo, esta vez ubicado en una región estratégica para quienes escapaban de sus vidas públicas. Se llamó “La Montaña” y era un night club que aclamaba ser una promesa para esta región tan conservadora en sus principios. Se podía observar de cuando en cuando merodear algunos carros lujosos por el sitio conducidos por los grandes cafetaleros de la región. Hasta que el cura del pueblo en su sermón del domingo condenó este tipo de visitas como una actitud sumamente pecaminosa. No faltó quien dijera que el mismo alcalde anduvo cerquita de “La Montaña”. Días después la ruta de acceso al club estaba pavimentada y su acceso era de primer mundo.

Unos cuantos meses después el dueño del local afirmó que contra un cura no se podía competir. Aparecer como sospechoso de la pecaminosa vida de los mojigatos ricachones le parecía acabar con su buena reputación. Desde el púlpito el pastor guío su rebaño y satanizó la prostitución y “la vida fácil” de la gente que visitaba el lugar.

Hoy día sigue imperando la idea de que la gente de Los Santos es muy conservadora y tiene buenos modales. Tan así que el mismo dueño del lugar prefirió ceder ante las palabras del cura antes de recibir buena cantidad de dinero de los magnates cafetaleros, que siguen comprando después de cada cosecha de café su auto del año para asistir todos los domingos a la misa y recibir la bendición: mientras dan un poco del dinero a la causa para ganarse el reino de los cielos.

Los Santos

Zona de Los Santos. 

Niñez perdida en el infortunio

Por: Gineth Rivera / historiadora

Le voy a contar la verdad es que mi mamá hacia trabajos que a mí no me gustaban, siempre había hombres distintos en casa -igual siempre vivíamos en la miseria-. Lo peor no era la falta de arroz y frijoles sino que ella siempre estaba drogada. Mientras mi hermana y yo pensábamos que estaba enferma y tomaba sus medicinas.

De milagro estamos vivas si las desgracias caminaban más rápido, que nuestras pequeñas mentes y eso lo marca a uno. Una vez entraron a la casa unos hombres armados, ellos buscaban un cliente que frecuentaba la casa los jueves por la tarde -eso ellos no lo sabían- mi mamá estaba tirada en la cama “reposando su medicamento” mi hermana y yo del susto nos metimos en un baúl grande que habían en la casa.

El baúl nos protegió de los balazos pero no del miedo. El corazón de mi hermana latía tan fuerte que lo sentía en mi pecho o de repente era el mío, pero de la tensión del momento no lo asimilaba. La duda de esos latidos era el menor problema que tenía en ese momento no podía darle la mano a mi hermana porque la tenia en carne viva, con la mala suerte que a pocos días un cliente de mi mamá la había castigado al ignorar sus petición de hacerle un trago mientras ésta jugaba -él le puso las manos sobre el disco de la cocina caliente-.

Al ir creciendo uno va aprendiendo de la vida; en busca de un destino distinto para mí y para ella yo necesitaba ser más avispada que mi mamá. Yo era muy bonita y varios hombres querían pagarme por compañía, primero solo les vendía compañía y así tuve varios clientes para la compra de mi virginidad.

Yo aprendí a hacer trampa: vendí algo que no podía ofrecer, porque un maldito me la robo. Para esas edades tempranas desconocía el negocio del amor; solo pensé que me toco como obra de la vida, como legado de mi mamá: esa misma que dormía mientras yo soportaba el trabajito. Esa primera experiencia sin pago alguno y tutelado en la justicia garantista como violación.

Analicé los movimientos de fichas en el negocio, sabiendo que tenía que ser diferente a mi mamá y así mi hermana tendría una vida distinta del servicio del amor, seguro le hizo falta porque ella se encarga de la administración de los negocios mientras hay claridad y yo durante la “claridad artificial” en la oscuridad.

Mi vida es distinta a la de mi mamá pero anclada en su pasado, por eso me he rodeado de amargura, supervivencia, perjuicio, amor y compasión: una historia que se resume en ELLA, que guarda cicatrices en su alma, sus manos y su corazón.

Abuso. Fotografía: Gineth Rivera.

Abuso. Fotografía: Gineth Rivera.

Happy endings (interruptus)

No le dio tiempo de mucho,  al pobre “cliente”
Cuando la hora del pin – pin se acabó. Esta es una crónica poco usual, pero real y que tuvo lugar en Barrio Amón cerquita de la terminal de buses Caribeños. La comparto porque, recientemente, un buen amigo me comentó su afición por las pastillas para la difusión eréctil esas que levantan supuestamente hasta a un muerto.  Y el asunto va más o menos así…
8: 23 p.m. San José, Barrio Amón. Pensión Anita.
Eran las ocho y resto de la noche cuando un caballero había estado coqueteando con varias damas de una pensión del conocido Barrio Amón. Minutos antes se había tomado una pastillita mágica para poder hacer de las suyas.
A pesar de venir bastante alegré el susodicho muchachón rechazó a todas y espero que se desocupara su preferida, la famosa Anita Ramos, con quien no pensó dos veces y subió a los cuartos, ubicados en el segundo piso del inmueble dedicado a esos menesteres.
9:33 p.m. En las escaleras de la alegría…
Según, las compañeras de esta amante de la vida alegre,  el hombre de 65 años de edad era  de los habituales y para aquel día mientras el cliente subía las gradas ya se mostraba bien “happy”; pues sabía a lo que iba. Contó Ramos que su cliente desde que entró al cuarto se soltó la faja y lo dominaba el desorden, mejor dicho el hombre venía con ¡buena gana!
9:36 p.m. Pin, pin, pin, pin, pin.
 “Estábamos en pleno acto haciendo el amor cuando vi que comenzó a convulsionar, se movía muy raro. No me lo hacía como siempre, me asusté toda y comencé a gritar. Vi que cayó muerto, por eso salí corriendo, porque me dio mucho miedo. Salí chinga sin darme cuenta”, narró aquella mujer ante semejante suceso.
El escándalo hizo que todas las trabajadoras del sexo salieran despavoridas de los cuartos, dejando a sus clientes desvestidos y alborotados. Las que estaban desocupadas también acudieron a vinear lo que pasaba. Así como verán eso era una reunión de puros “coitus interruptus”, lo subrayo porque es nombre científico.
9:41 p.m. Happy ending.
Cuando llegaron el caballero estaba muerto en el piso muy cerca de la puerta donde quedó tiesitico y ya no de efectos posteriores a la famosa pastilla azul.
Dorla, una de las mejores amigas de Ana, acató llamar al 911 para que enviaran una ambulancia para ver si le salvaban la vida. En pocos minutos llegaron los socorristas de la Cruz Roja, pero no había nada que hacer. Sin embargo, como dijo Dorla al menos el viejito: “Murió feliz”.
Por eso, para los aficionados a este tipo de medicamento: a tomar sus precauciones… porque como verán hay muertos que no levanta.
-Historia real: publicada en medio de prensa escrita costarricense. Los detalles son propios de este investigador-.
Cuidado con esos métodos: pueden costar la vida.