Satán, prostitución y púlpitos

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Acción. Imagen tomada de internet.

Por: Félix Picado Blanco / historiador

El cura del pueblo desde el púlpito había apagado tenuemente las llamas de la pasión de los locos desmedidos, taciturnos y mojigatos, hombres que habían soñado con gozar de mujeres desnudas sobre los tubos del night club “La Montaña” que algunos meses atrás abrió en la zona de Los Santos -siendo el primer local de ese tipo-.

Anterior a la apertura de este club nocturno existió un putero llamado “El Continental”. Más conocido como “El Conti”, un lugar predilecto para los migrantes que se trasladaban desde otras regiones del país y de países vecinos a recolectar el grano de café en las faldas de este valle. Su periodo de mayor recepción era por tanto los días que transcurren entre noviembre y febrero coincidiendo con el periodo de recolección del fruto.

Había que pasar frente al “Conti” un sábado luego de que pagaban los dueños de las fincas de café el trabajo de la semana. De seguro que una gran parte de lo que ganaban estos hombres trabajadores y pulseadores se les iba en pagar satisfacción a sus deseos sexuales más profundos. Las filas eran impresionantes e iban creciendo conforme el reloj comunicaba la llegada de la noche.

Su periodo de mayor apogeo alcanzó los últimos años de la década de los noventas y los primeros años del nuevo siglo. Ya hacia finales de la primera década de este siglo cerró debido a las condiciones insalubres que según el Ministerio de Salud albergaba. Se podían observar desde lejos -cada vez que uno pasaba por el centro de la ciudad-   prostitutas que eran vecinas del lugar; y en alguna otra ocasión mujeres que venían de otras partes del país. Se decía que el mayor porcentaje de visitantes eran migrantes temporales, sin embargo, más de uno autóctono y conocido del pueblo no se escapó de rondar los pasillos del prostíbulo más famoso de la región.

Hasta el año anterior abrió un nuevo local de este tipo, esta vez ubicado en una región estratégica para quienes escapaban de sus vidas públicas. Se llamó “La Montaña” y era un night club que aclamaba ser una promesa para esta región tan conservadora en sus principios. Se podía observar de cuando en cuando merodear algunos carros lujosos por el sitio conducidos por los grandes cafetaleros de la región. Hasta que el cura del pueblo en su sermón del domingo condenó este tipo de visitas como una actitud sumamente pecaminosa. No faltó quien dijera que el mismo alcalde anduvo cerquita de “La Montaña”. Días después la ruta de acceso al club estaba pavimentada y su acceso era de primer mundo.

Unos cuantos meses después el dueño del local afirmó que contra un cura no se podía competir. Aparecer como sospechoso de la pecaminosa vida de los mojigatos ricachones le parecía acabar con su buena reputación. Desde el púlpito el pastor guío su rebaño y satanizó la prostitución y “la vida fácil” de la gente que visitaba el lugar.

Hoy día sigue imperando la idea de que la gente de Los Santos es muy conservadora y tiene buenos modales. Tan así que el mismo dueño del lugar prefirió ceder ante las palabras del cura antes de recibir buena cantidad de dinero de los magnates cafetaleros, que siguen comprando después de cada cosecha de café su auto del año para asistir todos los domingos a la misa y recibir la bendición: mientras dan un poco del dinero a la causa para ganarse el reino de los cielos.

Los Santos

Zona de Los Santos.