Las fotografías y el aprendizaje

IMG_0829

Experiencia en Reviviendo Historias

Las fotografías y el aprendizaje

Esta es una historia escrita por Pamela una de nuestras colaboradoras de nuestro proyecto. El aporte que realicé en el proyecto Reviviendo Historias fue desde un principio desinteresado, a manera de respaldo con la hermana de un amigo: Gineth Rivera; al transcurrir el proceso de fotografías me comentaron los ideales del proyecto y sus objetivos, el tema de la prostitución fue en el que participé, al inició fue algo tedioso pues nunca había realizado algo así, las fotografías finales quedaron muy bonitas, no sabía que podían quedar bien.

Al transcurrir la sesión notamos la reacción de las personas en diferentes sectores de Heredia, personas en su mayoría hombres curiosos, seguramente pensaron que yo estaba trabajando, pues algunos se estacionaron cerca del espacio de trabajo, esto fue una situación un poco incómoda, pero no tan difícil de solucionar, pues se pidió que despejarán el lugar.

En la segunda oportunidad, participé en una sesión de fotos con otra muchacha pero esta vez, fuimos fotografiadas por dos personas y además tuvimos un poco de público éramos alrededor de siete personas, esto fue un poco abrumador, pues uno no tiene tanta libertad de expresarse frente a personas desconocidas. Asimismo la sesión fue un poco más larga, es comprensible puesto que habiendo más personas existe más posibilidad de aportar más ideas y esto con lleva a una discusión y debate acerca de cómo y dónde realizar las fotografías.

Al realizar esta participación a veces uno piensa cómo debe ser la sensación de las personas que se dedican a la prostitución en todo momento, las miradas están encima de uno todo el tiempo, las personas son muy curiosas y a la vez la sociedad tiende a juzgar todo lo que observa, sin conocer las situaciones reales.

IMG_0892

Un día de prostituto

IMG_0946

Experiencia en Reviviendo Historias

Un día de prostituto

Este es un texto de nuestro colaborador Hermes, quién se aventuró con nosotros en Reviviendo Historias con un trabajo fotográfico para relatar un día en la piel de un joven dedicado a la prostitución. A continuación sus palabras:

Formar parte de los sectores oculto-marginados no me resultó tan extraño: la única diferencia es asumir el papel de prostituto, aunque me fue trabajoso involucrarme en el papel, porque me sentí comprometido hacerlo por una causa y no como algo meramente cotidiano me entusiasmo a respaldar el proyecto de mis amigos.

Esta experiencia resultó interesante en lo personal sobre cómo se construyen las identidades masculinas y aquellas acciones que los hombres pueden darse el lujo de hacer, sin que ello suponga que se es de una orientación sexual no aceptada; esto se evidencia cuando se accede a algún tipo de acciones, ya que siempre pasan por una risa política y choteada, pues actuar con naturalidad es una aceptación de aquello que se considera extraño en alguien “normal”.

Otro elemento que llamó mi atención es la connotación visual de la prostitución masculina y femenina. Mientras estábamos en diferentes esquinas de Heredia, observé que quien más captaba la atención eran las mujeres, más considerando que son delgadas, súper femeninas y utilizaban tacones y vestidos cortos; es decir, cumplen con la expectativa masculina de la mujer estéticamente correcta para provocar placer visual y desencadenar otras emociones.

Quizá si mi atuendo resultó más serio respecto a las mujeres, pero considerando esta experiencia pienso que la feminidad bajo un esquema de perversión socava las más ocultas pasiones de cualquier individuo.

IMG_0939

Desnudando a la ley

descarga (1)

Ley, prostitución y policías.

  • Conociendo la prostitución de los años 70’s y 80’s desde la óptica policial

Por: Gustavo Rodríguez / historiador

¿Cómo es el mundo de la prostitución? Es una pregunta que muchas personas se realizan, porque es una actividad frecuentada por gente de toda clase social hoy en día. Pero ¿Cómo era en épocas anteriores? ¿Cómo podemos observar esta actividad desde un punto de vista diferente? Con estas interrogantes nos dimos a la tarea de encontrar a personas vinculadas a la policía de nuestro país que nos den su testimonio. Nuestro objetivo es conocer la perspectiva cotidiana e imaginaria de la prostitución en las épocas de los años setenta y ochenta.

Sin embargo, el poder encontrar alguien interesado en relatar sobre dicha temática representó una tarea ardua, que con el pasar de las horas de un 15 de agosto durante la cena familiar pudo ser resuelto de una forma excepcional. Durante una cena conversábamos de todo tipo de temas, hasta que surgió mi curiosidad en todo su esplendor, porque recordé que mi suegro Alvaro Alvarado, fue ex sargento de la fuerza pública. Cuando lo conocí me relataba sobre las redadas que realizaban en diferentes puntos de la capital.

Al recordar esto, busque centrar la conversación con él. Es en ese momento en el que le preguntó ¿Cómo era la lógica de la prostitución en esos años? Es ahí donde todo giraba entorno a las investigaciones que él realizaba como trabajo diario de policía. Siempre resaltaba las redadas realizadas en los prostíbulos, con el fin de encontrar a los chivos y desarmar la actividad de las pongeras, porque a pesar de que es un trabajo para muchas mujeres es una actividad “ilegal” ante la ley. Al yo hacer una seña de curiosidad por conocer más sobre dichos términos el comentó: “Los chivos son aquellos que se encargan de proteger a las prostitutas, es como un tipo de jefe a quien deben dar sus ganancias y tienen que acostarse con ellos a cambio de protección. Las pongeras es un tipo de robo organizado, donde las prostitutas buscan atraer a un cliente y cuando ya lo tienen seducido llegan entre dos a tres prostitutas más para extraer sus pertenencias”.

Conforme fue avanzando la conversación, tenía asombro sobre cada punto que don Álvaro nos relataba. Primero que la prostitución se ve relacionada con las drogas. Sobre este punto hubo un aspecto que llamaba la atención. Las drogas se convierten en una actividad frecuente, debido a que a través de la prostitución pueden esconder los beneficios que tienen para los involucrados dentro de la actividad.

Asimismo, iban surgiendo más curiosidades sobre la prostitución. ¿Al realizar redadas que encontraban dentro de las carteras o bolsos? don Álvaro fue claro en mencionar que las prostitutas frecuentaban condones, drogas, gas pimienta, pistolas, cuchillos, carnet de salud, entre otros. ¿Carnet de salud? Algo que me pareció curioso, y que los oficiales pedían para ver que estuvieran al día y libres de enfermedades como SIDA. Tuve mirada de asombro al escuchar algo que es difícil de ver desde mi perspectiva pero que nos ayuda a comprender que llevaban estos utensilios para defenderse en caso de que algún cliente busque aprovecharse de ellas.

Era gratificante observar la energía y pasión con la que don Álvaro cuenta sus anécdotas. Tanto así que pude conocer los lugares en los que la policía identificaba la realización de la actividad, el costo, los nombres que más utilizaban y la vestimenta. Sobre esta situación destacó: “Es muy parecida a la actualidad. Esto por lugares como parques, hoteles, casas privadas, pensiones, incluso casa propia con un valor desde los 3000 hasta los 5000 colones. En las prostitutas era frecuente nombres como Laura o Brenda, primero para proteger sus identidades y segundo para atraer fácilmente a un cliente como empresarios o abogados. Y la vestimenta era bien llamativa desde blusas cortas y con mucho escote hasta enaguas cortas donde las nalgas eran visibles en todo su esplendor; colores rojizos, azules o violeta”.

Esto causaba risa en mis adentros, pero conforme entendía la lógica en la que se realiza también surgían más curiosidades que necesito comprender. ¿Quiénes realizan esta actividad? Es ese momento tomó un respiro como de nostalgia porque comentaba que estudiantes y aún así gente profesional que alternaba labores para obtener más dinero. Incluso esposas que por la situación de pobreza extrema deben hacerlo en contra de su voluntad. La situación más dolorosa son las menores de edad, de las que el demostró una actitud de dolor porque ellas lo hacen para escapar de sus hogares, porque quieren dinero para sus gustos, entre otras cosas.

Ante esto decidí tomar un respiro, tomar un fresco que bajara un poco las revoluciones de tan grata conversación. ¿Los policías se involucraron emocionalmente con las prostitutas? Recibí una respuesta clara y contundente con un sí. Lo ejemplifico a través de una prostituta llamada “cielito lindo”, que se involucró con un compañero de profesión, el cual logró sacarla de la actividad y se logró casar con ella.

Luego de unos cuantos minutos más de conversación me logre despedir agradecido por la información brindada. Con esto nos queda claro que la prostitución tiene diversos puntos de vista que pocos conocemos, pero que son igualmente válidos en la reconstrucción histórica que ayude a entender un tema que está a la orden del día. Eso sí, recuerde que si usted se ve seducido por la compañía de una mujer, son parte de una historia “invisible”, que por muchos años ha pedido a gritos ser explorada en todos sus ámbitos.

Los utensilios para hacer el amor

sexualidad

La tienda y la acción.

Por: Alejandro Mora / historiador

En una de esas conversaciones de banalidades, como les llama un amigo, salió el tema de averiguar qué productos, implementos u otras chucherías cargan en su bolso o mejor dicho bolsito las llamadas trabajadoras del sexo; es curioso el que la gente dé por un hecho la situación, pero no su conformación; porque estoy seguro que poca gente se ha detenido en dichos detalles y en tratar de averiguar con la rigurosidad científica debida.

Dicha rigurosidad me llevo a buscar como fuente no al usuario sino a la proveedora, pues al final quién, sino una de las dueñas de una tienda de productos eróticos como la mejor informante; imagínenlo así ¿cuánto tiempo se puede tardar y a cuántas mujeres debía encuestar y a la vez interrumpir de sus funciones para obtener estos datos? Por eso me fui directo a conversar con la informante clave.

La ventana: cataplum

De esas vitrinas típicas de tienda que quiere llamar la atención de una manera sutil y morbosa, la tienda en cuestión nos daba un ligero adelanto de lo que en su interior íbamos a encontrar. Quizá por lo que representa nuestra extraña forma de ser, agazapada mejor dicho, es que no observamos mayores cosas en las vitrinas, nada fuera de “normal” se observaba, digamos ropa estrafalaria, algunos disfraces e incluso juegos para parejas se muestran al pasante.

Al momento de abordar a dueña del establecimiento y de comentarle nuestro objetivo, todo dentro de un proyecto que busca romper estereotipos e informar sobre los desinformados que somos; notamos una total disponibilidad y simpatía para con nuestra curiosa idea. Es así como se inicio una simpática, pero interesante conversación:

– ¿Entonces, uno podría afirmar que no solo “clientes frecuentes” vienen acá de compras?

– “Pues, así es”, afirmó. “La tienda tiene una clientela muy diversa, ya que vienen desde personas a curiosear y ver si llevan algo hasta personas que saben qué quieren y son frecuentes. Un sex shop no son solo condones o lubricantes, ni siquiera solo dildos o muñecas inflables, son artículos que complementan la vida e interacción de parejas de cualquier preferencia sexual”.

– ¿Cómo diría usted que actúan los compradores? – le pregunté -.

– “Pues el costarricense promedio es sumamente morboso y malpensado, basta con ver a los que pasan por frente de la vitrina y sus reacciones, de hecho por eso pensamos en no exhibir ciertas cosas ahí para tratar de hacer que al menos entren a la tienda; incluso hay ciertas restricciones de qué mostrar y qué no, usted sabe, por pasar menores de edad y gente conservadora”.

Una risa y ciertos gestos me hicieron ver que me encontraba ante alguien más abierto en formas de concebir la sexualidad y el placer. Algo difícil de encontrar en personas de su edad hoy por hoy. Pero dígame, las clientes que se dedican al sexo como profesión ¿Qué le compran?

– “Pues ellas y ellos, porque también tenemos hombres en ese sentido, los llamado strippers y acompañantes, suelen llevar cierto tipo de lencería, es más venga a la sala aparte de la tienda para mostrarle mejor”.

Me llevó a un espacio aislado y hasta separado por rótulos que indicaba Prohibido el ingreso a menores de edad.

– “Ve estas cosas son las que llevan, porque el erotismo debe estar presente en sus actos, ya sean públicos o privados”.

– Mmmm… interesante, uno pensaría en cosas más físicas o productos químicos.

– “Claro, es lo típico, lo básico pensaría yo; pero incluso nosotros tenemos juegos de mesa, artículos de fiesta para despedidas de solteras, disfraces, ropa y productos u objetos de placer que usted tiene en mente”.

– “Como usted lo dijo, lo típico, lo básico”.

– “Yo que llevo tiempo en esto, le podría decir que hay cosas que siempre encontrará en el bolso o maletín de estas personas, esas serían: preservativos, lubricante, chicles, gas pimienta en el caso de las mujeres sino algo más agresivo para su defensa”.

– ¿Más agresivo? – dije -.

– “Sí, armas de fuego, pequeñas. ¿Nunca ha escuchado la canción de Rubén Blades de Pedro Navaja?”.

– Sonreí y le reconocí que sí la había escuchado cientos de veces…

– “Las mujeres somos desconfiadas y a falta de físico pues algo así les garantiza un poco de paz; aunque hablando con algunas me han dicho que tienen alguien que les apoya, les vigila y que sabe dónde se encuentran por aquello que pase algo, vaya y observa en las zonas del Rey o en Amón y Otoya y verá que no le miento. Los varones son distintos, tienen ventajas físicas. Ya cuando tienen clientes especiales, pues vemos otros productos en sus bolsos, como dildos, cremas, esposas, mecates y poppers. Hay tanto, los travestis y prostitutas son los que más ropa compran”.

Ver tanta cosa en un lugar, incluso objetos que no me imaginaba me dejó una cierta lección, puesto que la sociedad y el contexto de esta nos limita terriblemente, ver con la libertad con que me habló quien me atendió es un contraste a lo existente en el país, el placer debe ser algo democrático, algo que se viva y experimente sin que te digan qué hacer y qué no, o sin que se cuestione el porqué se lleva a niveles que le pueden resultar incómodos a grupos que buscan mantener el status quo; yo creo que lo que nunca nos puede faltar en el bolso, cartera o maletín es las ganas de vivir al máximo lo que somos y no dejar que nos limiten.

Tienda

La tienda y la ventana del cataplum.

Niñez perdida en el infortunio

Por: Gineth Rivera / historiadora

Le voy a contar la verdad es que mi mamá hacia trabajos que a mí no me gustaban, siempre había hombres distintos en casa -igual siempre vivíamos en la miseria-. Lo peor no era la falta de arroz y frijoles sino que ella siempre estaba drogada. Mientras mi hermana y yo pensábamos que estaba enferma y tomaba sus medicinas.

De milagro estamos vivas si las desgracias caminaban más rápido, que nuestras pequeñas mentes y eso lo marca a uno. Una vez entraron a la casa unos hombres armados, ellos buscaban un cliente que frecuentaba la casa los jueves por la tarde -eso ellos no lo sabían- mi mamá estaba tirada en la cama “reposando su medicamento” mi hermana y yo del susto nos metimos en un baúl grande que habían en la casa.

El baúl nos protegió de los balazos pero no del miedo. El corazón de mi hermana latía tan fuerte que lo sentía en mi pecho o de repente era el mío, pero de la tensión del momento no lo asimilaba. La duda de esos latidos era el menor problema que tenía en ese momento no podía darle la mano a mi hermana porque la tenia en carne viva, con la mala suerte que a pocos días un cliente de mi mamá la había castigado al ignorar sus petición de hacerle un trago mientras ésta jugaba -él le puso las manos sobre el disco de la cocina caliente-.

Al ir creciendo uno va aprendiendo de la vida; en busca de un destino distinto para mí y para ella yo necesitaba ser más avispada que mi mamá. Yo era muy bonita y varios hombres querían pagarme por compañía, primero solo les vendía compañía y así tuve varios clientes para la compra de mi virginidad.

Yo aprendí a hacer trampa: vendí algo que no podía ofrecer, porque un maldito me la robo. Para esas edades tempranas desconocía el negocio del amor; solo pensé que me toco como obra de la vida, como legado de mi mamá: esa misma que dormía mientras yo soportaba el trabajito. Esa primera experiencia sin pago alguno y tutelado en la justicia garantista como violación.

Analicé los movimientos de fichas en el negocio, sabiendo que tenía que ser diferente a mi mamá y así mi hermana tendría una vida distinta del servicio del amor, seguro le hizo falta porque ella se encarga de la administración de los negocios mientras hay claridad y yo durante la “claridad artificial” en la oscuridad.

Mi vida es distinta a la de mi mamá pero anclada en su pasado, por eso me he rodeado de amargura, supervivencia, perjuicio, amor y compasión: una historia que se resume en ELLA, que guarda cicatrices en su alma, sus manos y su corazón.

Abuso. Fotografía: Gineth Rivera.

Abuso. Fotografía: Gineth Rivera.

Canción de la prostituta

Bertolt Brecht

Prostituta

Fuente de la imagen culturacolectiva.com

Canción de la prostituta

1

Señores míos, con diecisiete años

llegué al mercado del amor

y muchos he aprendido.

Malo hubo mucho

pero ése era el juego.

Aunque hubo Cosas que sí me molestaron

(al final y al cabo también yo soy persona).

Gracias a Dios todo pasa deprisa,

La pena incluso también el amor.

¿Dónde están las lágrimas de anoche?

¿Dónde la nieve del año pasado?

2

Claro que con los años una va

más ligera al mercado del amor

y los abraza por rebaños.

Pero los sentimientos

se vuelven sorprendentemente fríos

Si se escatima tanto

(al final y al cabo no hay provisión que no se acabe)

Gracias a Dios todo pasa deprisa,

a pena incluso; también el amor.

¿Dónde están las lágrimas de anoche?

¿Dónde la nieve del año pasado?

3

Y aunque aprendas bien el trato

En la feria del amor,

transformar el placer en calderilla

nunca resulta fácil.

Pero, bien, se consigue.

Aunque también envejece mientras tanto

(al final y al cabo no siempre se tienen diecisiete)

Gracias a Dios todo pasa deprisa,

La pena incluso; también el amor

¿Dónde están las lágrimas de anoche?

¿Dónde la nieve del año pasado?

Happy endings (interruptus)

No le dio tiempo de mucho,  al pobre “cliente”
Cuando la hora del pin – pin se acabó. Esta es una crónica poco usual, pero real y que tuvo lugar en Barrio Amón cerquita de la terminal de buses Caribeños. La comparto porque, recientemente, un buen amigo me comentó su afición por las pastillas para la difusión eréctil esas que levantan supuestamente hasta a un muerto.  Y el asunto va más o menos así…
8: 23 p.m. San José, Barrio Amón. Pensión Anita.
Eran las ocho y resto de la noche cuando un caballero había estado coqueteando con varias damas de una pensión del conocido Barrio Amón. Minutos antes se había tomado una pastillita mágica para poder hacer de las suyas.
A pesar de venir bastante alegré el susodicho muchachón rechazó a todas y espero que se desocupara su preferida, la famosa Anita Ramos, con quien no pensó dos veces y subió a los cuartos, ubicados en el segundo piso del inmueble dedicado a esos menesteres.
9:33 p.m. En las escaleras de la alegría…
Según, las compañeras de esta amante de la vida alegre,  el hombre de 65 años de edad era  de los habituales y para aquel día mientras el cliente subía las gradas ya se mostraba bien “happy”; pues sabía a lo que iba. Contó Ramos que su cliente desde que entró al cuarto se soltó la faja y lo dominaba el desorden, mejor dicho el hombre venía con ¡buena gana!
9:36 p.m. Pin, pin, pin, pin, pin.
 “Estábamos en pleno acto haciendo el amor cuando vi que comenzó a convulsionar, se movía muy raro. No me lo hacía como siempre, me asusté toda y comencé a gritar. Vi que cayó muerto, por eso salí corriendo, porque me dio mucho miedo. Salí chinga sin darme cuenta”, narró aquella mujer ante semejante suceso.
El escándalo hizo que todas las trabajadoras del sexo salieran despavoridas de los cuartos, dejando a sus clientes desvestidos y alborotados. Las que estaban desocupadas también acudieron a vinear lo que pasaba. Así como verán eso era una reunión de puros “coitus interruptus”, lo subrayo porque es nombre científico.
9:41 p.m. Happy ending.
Cuando llegaron el caballero estaba muerto en el piso muy cerca de la puerta donde quedó tiesitico y ya no de efectos posteriores a la famosa pastilla azul.
Dorla, una de las mejores amigas de Ana, acató llamar al 911 para que enviaran una ambulancia para ver si le salvaban la vida. En pocos minutos llegaron los socorristas de la Cruz Roja, pero no había nada que hacer. Sin embargo, como dijo Dorla al menos el viejito: “Murió feliz”.
Por eso, para los aficionados a este tipo de medicamento: a tomar sus precauciones… porque como verán hay muertos que no levanta.
-Historia real: publicada en medio de prensa escrita costarricense. Los detalles son propios de este investigador-.
Cuidado con esos métodos: pueden costar la vida.