Una lección de vida

A uno siempre los hijos le superan.

Mati en su primer día de clases hace tres años me dio un beso y entró al salón desbordando su algarabía.

Isa hoy estaba triste porque la casa le gustaba más, pero en minutos logró hacer los amigos necesarios para estar radiante y feliz.

Los hijos e hijas le superan a uno no hay duda.

Hoy en especial comprendí a mi mamá que el primer día de clases tuvo que sufrir tanto conmigo: lloré, lloré, lloré, lloré y lloré. El antídoto fue sencillo en aquella época, pero hoy entendí en carne propia el dolor de mis padres al saberme un niño, que no se quería quedarse en la escuela. Estoy seguro que ese llanto  les rompió el corazón. Esta mañana por minutos estuve a punto de llorar con Isabela, pero como adulto y padre traté de darle fuerzas. Afortunadamente, lo logramos.

Casi no comparto mi vida personal en redes sociales, pero esta publicación es en honor a mis papás, gente buena, doña Jeannette y don Marcos, mis tatas;  y a mi querida Isa, una princesa valiente. Dios me los bendiga siempre.

thumb_IMG_9931_1024