Columna de opinión Con Doble M


Muerte asecha a nuestras niñas
  • Vocifero por ese estrabismo oficial que olvida nuestras mujeres
  • En promedio mueren víctimas de femicidio cuatro niñas al año

Como ya lo había alertado nuestra sociedad vive tremenda violencia contra las mujeres. En las últimas dos semanas han muerto siete mujeres víctimas de femicidio donde los autores intelectuales en muchos casos han sido unos cobardes, que luego de hacer su fechoría se han quitado la vida también. Esta cantidad incontrolada de femicidios es una alerta y merece especial atención la muerte de tres niñas en un país donde el promedio llega a cuatro niñas al año. 
Movimiento de reivindicaciones. El término femicide fue acuñado por Mary Orlock en Inglaterra a inicios de los años 70 del siglo XX. Luego fue usado por Diana Russell en un Tribunal Sobre violaciones a los Derechos Humanos de las Mujeres en 1976 y popularizado por Jane Caputi en su libro Femicide:  The Politics of Woman Killing.  Marcela Lagarde,  investigadora y académica universitaria hace una traducción al español del concepto y le llama feminicidio. En Centroamérica se utiliza el término femicidio respetando el sentido original de Diana Russell y así fue traducido. Sin embargo, existe  una gran polémica en Centroamérica por el uso de “feminicidio” que es el concepto que usó Marcela Lagarde y que ahora se utiliza en México.
Para tristeza nuestra este flagelo se presenta en las portadas de nuestros medios de comunicación en sus portadas al menos en 40 ocasiones en el año. Desde enero hasta el 5 de junio de este año llevamos 14 femicidios reconocidos por el departamento de Estadísticas del Poder Judicial y aún no pasa nada.
En las últimas semanas los crímenes han sido dolorosos para la memoria colectiva. La pequeña Marta Luz Borbón, quien apareció sin vida en un cañal en el Pilar de Cajón en Pérez Zeledón, conmovió al país y revivió una serie de tristes historias de muertes de infantes. Marta Luz tenía 10 años y ese día le cortaron sus sueños. Días después en San Joaquín de Heredia dos hermanas y su colaboradora verían la muerte de manos de unos “roba casas”, las víctimas Sonia Virginia y Guiselle María Rodríguez Ulate junto con Carolina Herrera Salazar, todas en un solo día. La pregunta: ¿Las matarían por ser mujeres? Aún rebota en las paredes de su casa como eco de esa impunidad de la que estamos hartos.  
Sin llegar a la mitad. El calendario apenas apuntaba la quincena del mes y otro hombre acabó con la vida de la quinceañera Noylin Rodríguez Calvo (embarazada). Imagínese que para este año son tres las niñas de quince años  que mueren en manos de sus seres queridos. En la mayoría de casos son víctimas de hechos violentos cometidos por extraños, allegados a las niñas, vecinos, padres o sus parejas fueron los agresores. Inclusive, entre julio del 2005 y este mes, ocurrieron 25 asesinatos de niñas menores de 14 años. En promedio, al menos cuatro menores mueren así cada año: una crueldad y dolorosa situación para las familias costarricenses.
Merece recordarse que estos delitos están definidos en Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia en contra de las Mujeres conocida como Convención de Belem do Pará, que destaca la violencia derivada de relaciones de poder desiguales en la historia entre mujeres y hombres -que causa muerte, daño físico, sexual o psicológico a una mujer-.
Un grito por la dignidad.  Debemos tomar en cuenta que entre el 2005 y este año, muchas de las niñas murieron por decisiones trágicas tomadas por personas cercanas, quienes debían cuidarlas y protegerlas.  Hoy más que nunca es necesario un reconocimiento de estos crímenes para que se tipifiquen a estos agresores, que en muchos casos caminan en la calle libremente. En el caso de los femicidios es difícil contabilizar las muertes porque las autoridades judiciales no diferencian esa tipología. Afortunadamente, investigadores nos damos a la tarea de hacer nuestros propios registros para no creernos los datos oficiales y seguir luchando por los derechos humanos de estas niñas. En memoria de todas ellas levanto mi voz y vocifero por la dignidad de nuestras mujeres.

Por: Marlon Mora


* Fotografías: con fines ilustrativos.