Esa Liga que merecemos

En la Liga Deportiva Alajuelense (LDA) las cosas andan mal hace varios campeonatos. La realidad institucional se nota en el Estadio Alejandro Morera Soto: con baños, que aún funcionan como las cantinas de los pueblos de antes -donde ponen a correr el agua como si fuese un recurso inagotable-. La reciente salida de Mauricio Montero desnuda profundos desafíos a todos los niveles: dirigencia, ligas menores, primer equipo, infraestructura y comunicación con sus aficionados.

Mucha expectativa se ha tenido con los cambios en las juntas directivas de los llamados equipos grandes; la Liga no fue la excepción ante la llegada de don Fernando Ocampo: su formación académica, experiencia internacional y contactos en la política doméstica era una carta de esperanza.

Sin embargo, en la Liga esa mano articuladora de un renacer de sus juventudes y un equipo de la calidad para medirse a sus acérrimos rivales no ha sido posible. Los cambios han sido cosméticos y sin ninguna articulación entre ligas menores, afición y jugadores de primera

Esta experiencia de administración en la Liga nos deja una clara enseñanza. Si usted se mete a la política futbolera: aguante; pero sobretodo traiga buenas ideas porque el equipo como nunca está tocando suelo y cada vez son menos los baluartes en el césped de Alajuela.

En el fútbol como en la vida hay que tener hambre. Y en ese equipo no se nota ese deseo de comerse el mundo, le queda grande la talla de león, no se nota amor por la camiseta rojinegra y el lema de garra y corazón está escaso entre los futbolistas llamados a representarlo.

Inclusive, Wilmer López un ídolo de la afición ha estado expuesto y ante la salida de Mauricio Montero se dicen muchas cosas. Yo aprendí algo del poco fútbol, que alcancé a practicar: lo que sucede en la cancha se queda en la cancha, lo que pasa en el camerino se queda en el camerino y si hay una decisión que tomar se hace administrativamente con la elegancia de una institución como lo es la LDA -todo ese paquete ha estado ausente por años-

A mi forma de ver la comunicación política manuda es una cadena de “tortas”: el error más grande fue dejar ir al entrenador colombiano Hernán Torres del Morera Soto. Presencié muchos partidos en el Estadio y su carácter siempre reflejó los valores de quienes somos liguistas.

Y podemos seguir sumando: la expulsión del cuerpo técnico mediante un mensaje de WhatsApp a Javier Delgado, “el Sheriff”, retrató de cuerpo entero quién manda y cómo lo hacen; no conocen de delicadeza y menos de respeto por el recurso humano. Sigamos metiéndole a esta sumatoria: la llegada de Benito Floro fue una mala decisión -si uno piensa en un equipo que no le sobra la plata-, quién se animaría  traer una deuda de ese tipo; pero hoy en retrospectiva podemos ver que no toda la culpa es del español. Inclusive, se rescatan las canchas para ligas menores sobre la ruta 27 y la gramilla del Morera.

Y los peques…

Sobre una materia que puedo hablar con autoridad son las ligas menores, porque mi hijo tiene más de cuatro años en la escuela y aunque los padres de familia son muy comprometidos con los procesos y la camaradería: en la Liga no se da ningún motivo para quienes son su cantera.

En estos cuatro años por iniciativa de la administración nunca un jugador a pasado a saludar, menos un directivo, tampoco han convocado a una reunión para promover valores humanistas en la cancha -algo que si ha liderado un grupo de padres de familia mediante una Copa que estimula las buenas relaciones entre los equipo rivales-.

Yo he visto futbolistas jóvenes que son diamantes y es muy seguro que sean verdaderos crack en sus barrios: el salto depende de la orientación, del manejo de la humanidad, del fortalecimiento profesional, de la capacidad para darles herramientas dentro y fuera de la cancha; pero todo eso no se está haciendo. ¡Ven porque hace cuánto no vemos un carajillo brillar de liga menor! Las cosas no son como son, son como somos.

Sobre los futbolistas creo que eso de que un deportista no tiene el nivel para usar la camiseta  puede ser cierto y falso. Hay muchos ejemplos de cómo un grupo bien orientado y dirigido puede responder; lamentablemente no es este el caso.  Solo quisiera recordarles dos jugadores checos que jugaron con el primer equipo en diferentes tiempos: a inicios de los años noventas Pavel Karoch no tenía pinta de nada y se comió la media cancha: por cierto logró un campeonato. Luego igual pasó con Josef Miso, que en su debut no pudo ni siquiera jugar un partido completo: el calor de Guanacaste lo aniquiló, pero luego se convirtió en el “gran matador”. Por eso casualmente, los atletas necesitan la oportunidad, el tiempo, el ritmo y la buena gestación del deporte profesional.

El trato del recurso humano es complejo, pero urgente y Wilmer no ha sabido manejar, ni comunicar correctamente: así es como  un ídolo como él sale quemado. Para muestra solo basta chequear el propio comunicado oficial del equipo rojinegro donde se refiere al jugador más venerado y respetado como el “Chunche”, cuando por su recorrido en la institución merece tratársele como quién es Mauricio Montero: esas habladas están para otros espacios menos las oficiales.

La Liga está en crisis; vale poco, y su afición le es fiel: duele decirlo, pero no tenemos casi nada. Y aunque suene extraño y paradójico eso no le conviene al fútbol costarricense: merecemos algo mejor.

Alejandro Morera Soto (1909-1995), exjugador y símbolo del equipo rojinegro.