La entrevista de Gerardo Zamora a Laura Chinchilla

Producto completo: ejercicio académico.Muchas personas que conocen mi trabajo en votoCRme han solicitado, que me refiera sobre la entrevista que le hiciera el periodista de Canal 7, Gerardo Zamora a Laura Chinchilla.

Mucho se ha comentado al respecto en diferentes medios e inclusive en días pasados la directora, Pilar Cisneros, le dio una entrevista a Hablando Claro, programa de Radio para cerrar el caso -por cierto como ejercicio de vocería doña Pilar lo hizo excelente-.

Ante esto quisiera con todo respeto reflexionar sobre la importancia de este género periodístico y hacer un análisis de la semiótica presente en las imágenes. Aunque esto podría ser muy amplio he decidido resumirlo en cinco puntos y retomarlo en mi clase de Imagen Periodística.

Entonces hablaré de lo que no se ha dicho.

Lo primero que debemos como comunicadores reconocer es que la entrevista política tiene una serie de características y la potencia de esa labor tiene su epicentroen lograr decir algo nuevo, actual, crítico que tenga “punch” con la audiencia.

Tal vez el otro elemento importante lo dijo muchas veces una de las mejores entrevistadoras que ha tenido el mundo, Oriana Fallaci, periodista italiana, ella decía que la entrevista debería tener preguntas rudas y suaves, ácidas y de respiro; no todo es machacar, machacar y machacar.

Decirle algo negativo al trabajo de Gerardo sería ingrato, porque como profesional estoy seguro preparó su material cuidando todos los detalles.  Y ese es su estilo. Lo respeto, pero en el análisis uno puede decir que no logró ese “punch”, ni tampoco ese balance en las preguntas. Esto no le quita nada en su trayectoria, solo una oportunidad que considero era divina para darle a la audiencia lo no contado por la presidenta.

Ahí es donde entra el tercer elemento y tiene que ver con las personas al otro lado de la pantalla, las imágenes y el “punch” de las preguntas. A mi gusto en el arranque una imagen de la presidenta subiendo al helicóptero no era necesaria. La toma hace una reseña de Laura Chinchilla con pantalón blanco y de espaldas mientras se acomodaba en la aeronave. Eso no me gustó, pero son gustos.

Insistir en Óscar Arias y no preguntar al hueso es una debilidad; en algún momento sentí que las preguntas la revictimizaban como mujer, pero no por considerarlas fuertes sino porque eran planteadas sin el debido respeto después de todo es nuestra presidenta, pero también una mujer. Para entender mi reflexión bastaría con preguntarse: ¿usted le haría esa pregunta a la jefa? Tratarla a ella de  títere y segundona es un claro ejemplo. Pero esperar a los anuncios para hacerlo; lo hizo más evidente: ¿En algún momento usted ha sido segundona, títere de don Oscar? Ella un títere, el otro don Óscar… eso no era necesario, digo yo.

Cuarto elemento cuando un periodista hace una entrevista es fundamental manejar el hilo conductor y hasta “tirar línea”.  En este caso puedo decir que la señora presidenta salió bien parada: se la jugó como dicen. Respondió lo que quiso y salió en el medio más importante de este país, eso es comunicación política también.

Quinto elemento: en la televisión se tiene oportunidad de darle a la audiencia emociones. Y el preguntar de manera “pelada” si ha llorado no creo que sea lo idóneo, la alternativa estaba a boca de cañón; es una lástima. La respuesta era de esperarse y su sinceridad me gustó:  ella dijo “sí he llorado”.

Hacer periodismo es complejo, hacer una entrevista con las características que necesitan los ciudadanos es todavía una necesidad en nuestro país. Nos queda de tarea en nuestro gremio.