Un marzo de todos los días…

A más de 100 años de la muerte de nuestras mujeres en Nueva York…
El calendario mundial a inicios de marzo tiene pactado una celebración que, poco a poco, se ha convertido en una fiesta hipócrita y falta de memoria colectiva. Para eso basta con revisar su bandeja de correo electrónico con mensajes y presentaciones multimedia carentes de historia, inclusive en su teléfono podrá recibir algún sms, sin dejar de lado, las posteadas en facebook o twitter llenas de cursilerías que se da más de uno: todas alrededor  de esa forma de festejar el ser mujer, como si fuera otra especie de día de la madre. 
Memorias de un marzo…
De la importancia de la memoria. Un 8 de marzo de 1857 un grupo de mujeres como movimiento de obreras en una maquila en Nueva York demostraron como movimiento social cuánto cuesta reivindicar derechos, más tarde en 1908, 15 mil obreras marcharon por la misma ciudad al grito de: “Pan y rosas”, sintetizando en esta consigna sus demandas por aumento de salario y por mejores condiciones de vida. Un año después, 140 mujeres jóvenes murieron calcinadas en la fábrica textil donde trabajaban encerradas en condiciones inhumanas. Hoy en pleno 2011 pautamos en agenda una conmemoración especial, pero se le invisibiliza el resto de los días ante una mirada de estrabismo de machos dominantes.
De este modo, es común ver que los políticos entreguen premios a “mujeres notables” y el resto del año en un baúl embalsamado ignoren la condición de sus conciudadanas, esas víctimas de la violencia sistemática en nuestros hogares. Lo penoso, es que hace más de un siglo se decidió reclamar lo que se venía diciendo más de doscientos años atrás: que el feminismo es filosofía y no guerra de sexos, y  que el desarrollo no es posible sin la armonía y la igualdad.
Los dobles discursos de ese día. Ya basta…
Remembranza. Por esa razón la memoria histórica debe permitir darle mérito a una mujer mártir de los derechos humanos como Olimpia de Gouges, que le recordó al planeta la necesidad de un enfoque de género en plena Revolución Francesa, aunque muchas veces se oculta o se olvida adrede por los intelectuales “sin querer queriendo” en clases de teoría de los derechos humanos.
Y es gracias a esa teoría de género nutrida por muchas valientes que se hizo la protesta simbólica, donde se le dio la vuelta a la revolución sexual acuñando un nuevo significado para el patriarcado y evidenciando el daño de la violencia doméstica y sexual. Desgraciadamente, el mundo sigue sin indignarse ante la esclavitud sexual, la violencia, las mujeres en la guerra, la trata de personas y la prostitución infantil. Por eso, debemos luchar por un cambio en las malas prácticas judiciales que caen en lo absurdo e injusto cuando las mujeres se quejan ante un juez por los malos tratos de su marido y la pregunta es: ¿Qué hizo usted para provocarle?
Maldita evidencia. La Tierra parece resistirse a la igualdad real donde la discriminación y las desigualdades ponen de manifiesto una pérdida colectiva y la ruptura de un contrato social. Tal vez por esa razón se buscan fechas específicas para llamarnos a cambiar el mundo.
Esperanza. Necesitamos que se reivindique la historia, que nos permitirá transformar a nuestra sociedad y erradicar el sexismo. Tenemos que reflexionar entre hombres y mujeres cómo reinventamos la femineidad y la masculinidad para que nuestras relaciones sean más equitativas, sanas y libres. Porque muchas mujeres han tenido que pagar con la vida sus luchas a favor del voto y la violencia de sus propios compañeros.
Celebración anual
Celebremos por nuestras mujeres los 365 años del año. Menos  hipocresía y más solidaridad para nuestras mujeres por el bien de la humanidad. No más desastre social. Ya basta de femicidios.

Huérfanos víctimas del femicidio

  • Calamidad social detrás de la muerte de las mujeres. 
  • Prevención posible con respuesta en “stand by”.  
Femicidio en “Autopsia”

Académicas e intelectuales han definido el femicidio como al asesinato de la mujer en razón de su género, por odio hacia las mujeres, por rechazo a su autonomía y su valor como persona o por razones de demostración de poder machista o sexista. Detrás de esas concepciones nos encontramos una lucha de valientes que se enfrentaron a los sistemas para imponer la teoría de género.

Justa y necesaria teoría. Y es gracias a esa teoría de género nutrida por muchas mujeres que se hizo la protesta simbólica, donde se le dio la vuelta a la revolución sexual acuñando un nuevo significado para el patriarcado y evidenciando el daño de la violencia doméstica y sexual.
Desgraciadamente, el mundo sigue sin indignarse ante la esclavitud sexual, la violencia, las mujeres en la guerra, la trata de personas y la prostitución infantil. Por eso, debemos luchar por un cambio en las malas prácticas judiciales que caen en lo absurdo e injusto cuando las mujeres se quejan ante un juez por los malos tratos de su marido y la pregunta es: ¿Qué hizo usted para provocarle?
Apuntando. La muerte de las mujeres no es un tema ajeno en la realidad para nuestra región Centroamérica en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua: la violencia deja desamparada a una familia todos los días. Y nuestro país el año pasado cerró con una cantidad de femicidios alarmante. Más de 60 mujeres muertas dejaron como saldo una ruina social difícil de superar en la vida de las familias víctimas de esta problemática.

Orfandad, maldita calamidad…

Hombres pendejos. Nuestro país no es la excepción. Una muestra de la diversidad del formato y modus operandi de los femicidas se ven constatados en sus víctimas, que no les perdonan nacionalidad, edad o estrato social. Sino que lo diga ese macho dominante que tocó la puerta de Margarita Vásquez de 74 años en Orotina, el taxista que asesinó de un balazo en la cabeza a su compañera sentimental mientras celebraban un cumpleaños; o aquel hombre, si puedo llamarle de esa forma, que huyó con sus hijos luego de matar a su pareja, Laura Guerrero, en navidad.
Detrás de la muerte de Laura se da una situación que debemos estudiar y atender de manera prioritaria. Porque esos niños presenciaron la muerte de su madre, pero también hoy mismo viven a flor de piel el miedo, la duda y la extrañeza de un mundo indiferente. El trauma y la orfandad de sus dos hijos de cinco y once años de edad son un claro ejemplo de la necesidad de trabajar desde diferentes instancias judiciales, de educación formal, de campañas institucionales dirigidas a la capacitación y toma de conciencia y la necesidad del apoyo de los medios de comunicación colectiva en este proceso de sensibilización.
Perversa operación. ¿Todos prevenibles? Pues sí.  Ya es tiempo de una transformación en los deficientes sistemas judiciales, pero también a la necesidad de indignarse ante el asesinato despiadado de mujeres, que trae consigo este desastre; porque donde una mujer encuentra la muerte: la calamidad ha llegado a la familia.