Educación necesaria para otros mejores -segunda parte-

De todo hay en la viña del Señor…
 
En la última entrada quedamos pendientes enque la educación formal parece que perdió su norte; porque tales decisiones van en la dirección opuesta a la que están tomando nuestros responsables políticos. Solo como dato importante quisiera recordarles que la Costa Rica que tenemos en la actualidad y que tuvimos en algún momento se la debemos casualmente a esa inversión en el capital social.
Desorden. Las cosas cambiaron en nuestro país cuando accedieron a la universidad nuevos sectores de la población: esa diversidad intervino en la raíz y en algún momento fuimos buenos. Para que un sistema público educativo de cualquier nivel cumpla su función ha de trabajar al menos en dos direcciones: la primera, dotar a los estudiantes de las capacidades para afrontar la diversidad de actividades del mundo profesional; la segunda, crear y extender ciudadanía reduciendo al mínimo el número de excluidos sociales. Al final del callejón, ambas direcciones se alimentan de una única raíz: la razón de ser de nuestra educación, es nuestra gente.

Mi interés como educador al final es uno solo: desarrollar ese capital cultural  organizado de forma que mis estudiantes no sólo aspiren a alcanzar nuevos peldaños en la escala social sino a influir y liderar la sociedad en que viven. Las herramientas las implementamos de diferentes maneras y al final todos aprendemos.
Por tanto, la educación pública en un marco democrático debe ofrecer los medios necesarios para el desarrollo humanodejándose de esos esquemas donde la beneficencia yace y se olvida que no distribuimos dinero sino conocimiento.
Socollón necesario.Costa Rica potenció su educación hace muchos años y obtuvo sus réditos, pero en los últimos 20 años ha olvidado sus raíces y su memoria. Los personajes de la política relevantes fueron parte de una transición donde el pobre estudiaba con el rico en la Escuela Buenaventura Corrales.
Esperanza. Al final del camino la función de un sistema público de educación no debe de estar feliz  con una cuota de justicia social, que ayuda a progresar a los mejores de las capas desfavorecidas, como acto de amor – solidario.

Por el contrario debe iniciarse creando nuevos grupos críticos de liderazgo que rompan el modelo imperante y clonado de élites sumidas en la rutina.

 La pregunta queda pendiente: ¿Cuál es la Costa Rica que queremos para nuestros hijos? y ¿Dondé están las oportunidades para ese “otro” que verdaderamente lo necesita?