Cuando la humanidad postergó su camino

La actualidad nos enfrenta ante un camino que sigue el ritmo boyante de quienes ponen de primero la utilidad entendida desde la ganancia: esa manita feliz con caritas de emoticón que se visualizan y ponen todo en términos de qué nos gusta.

Esas dinámicas en redes crean temas de tendencia (trending topics) que pueden meter a más de uno en graves problemas: políticos, empresarios, marcas, ciudadanos anónimos, grupos vulnerables: nadie se salva. Lo importante en todo este contexto es reconocerlo y saber como enfrentarse ante las nuevas dinámicas de ese espacio social.

Vivimos una doble moral en muchos ámbitos de la vida, que extiende su poder hasta esas redes donde un suspiro de diferencia merece la bofetada más grande.

He visto vociferar indignaciones tan falsas como la asistencia a un evento en facebook. Una carita repleta de lágrimas por el maltrato animal cuando nunca han acariciado ni la colita de una mascota. O el tweet que se aprovecha del anonimato para irrespetar el honor de las personas.

Por eso, la construcción del ese espacio digital necesita compromisos de las personas por un bienestar común donde la solidaridad sea tema primario y el recurso humano esté ligado a los valores y principios. Tal vez les suene extraño, pero uno debe comportarse en redes como se comportaría en la vida real.

Una sociedad sin memoria histórica, sin lenguaje para la ciudadanía, sin amor por el prójimo está condenada a darle likes al fatalismo, a la violencia y al desorden dejándonos sin aliento para seguir el viaje.

Nuestro país y la vida.

Hace muchos meses estoy preocupado por la ruta de nuestra Costa Rica; pero en especial por esos dobles poses, que se asumen en beneficio siempre de lo fácil, lo sencillo, lo mínimo o lo superficial: desligado del compromiso y la sinceridad.

Vivimos un rapto de lo político por lo económico y una incautación de la libertad por la seguridad sino revise la puerta de su casa, los candados y el circuito cerrado, que vigilan las aldabas y la cerrajería de ese llamado dulce hogar; y sigamos sumando los acordonamientos de alambre navaja y los cables eléctricos, que dicen peligro en las cuatro esquinas del vecino son la imagen perfecta del asalto que vivimos.

Inclusive eso no es lo peor: hay más. Tenemos un embargo de los saberes humanistas convocados desde toda trinchera monetaria al beneficio máximo de quien se jacta mercader del capital. Porque la ley de la selva mediática dice que valemos por lo que tenemos.

Tal vez la respuesta haya que confeccionarla juntos, pero el temor, la incapacidad, el poder del otro, la fuerza de la maquinaria política nos enfrenta ante el dilema de hacernos los majes o al desanimo de poner el huevo ante una humanidad que perdió el camino.

Ser valientes, enfrentar el sistema, luchar por nuestro ideales, ser consecuentes y mirar en la ética el valor y el principio; no la caja registradora del enjache o el escrutinio público de quién se equivoca, son los acicates de una sociedad que simplemente se le olvidó conjugar la solidaridad, el respeto y la dignidad.

Rosa de los vientos