El valor de tu recuerdo

Edgar mi amigo de Ángeles…

Hace algunos años conocí a un joven tenía unos 16 años en aquel entonces. Mi primer encuentro con él sería en un partido de décimos en el Colegio Los Ángeles. Yo era el “nuevo” para ese momento; bastante desadaptado, antisocial e incapaz de comunicarme para todas las audienciasvale que esa temporada se acabó con el paso del tiempo-.

La verdad es que yo venía de otro colegio y aquel cambio fue como un frentazo  a la puerta de cristal de un centro comercial mientras tu “crush” con total indignación te mira con indiferencia por aquella escena.

Volviendo a aquel partido yo era un defensa lateral y mi protagonista, un delantero de lujo: un “milpa” legítimo, pero goleador por los cuatro costados. Nuestra mejenga oficial entre sesiones fue simpática; la mejor jugada la puse con un remate de larga distancia que se ganó la reputación de un anuncio de la época, que decía según Ricardo Cordero -conocido como Richie-: “Marlon de pepperoni”.

Compartimos bastante para nunca haber coincido en una clase debo confesar que siempre lo admiré por ser tan buen estudiante inclusive la profesora de inglés -no querida por muchos- lo apreciaba en paleta. Ya más recientemente gracias a Facebook nos reencontramos y tuvimos largas conversas.

Este artículo lo he tenido guardado en mi corazón, porque creí que con tu partida no estaba listo y aún menos reposado para darle viaje y hoy me animé en tu memoria, pero aún más porque necesitaba sacarlo. Hay días que uno necesita desahogar y desinflamar la palabra.

Como les comentaba gracias a las redes sociales intercambiamos “likes” hablamos escribiéndonos y hasta pactamos un encuentro en mi casa: recuerdo que en un rezo del niño llegó con su pareja un chiquilla buena gente, que se veía babeaba por él.

Debo decir que no llegó a rezar, pero si alcanzó a comer algunas cosas que preparamos. Ese día fue muy lindo me dijo algunas de sus añoranzas y las conversaciones las elevamos a una llamada telefónica larga y tendida.  Por respeto a nuestras infidencias solo alcanzaré a decir que con esas horas de mensajeo y “hablada” logré conocer a ese otro ser humano, que no había alcanzado a encontrar antes.

Ese día me habló de su casa, lo que admiraba el hogar y lo que le gustaría tener en el futuro. Sus sueños de médico y su amor por el servicio a los demás. Debo decir que su partida me dio un golpe bajo; teníamos planes a su regreso al país luego de su estancia.

Lamento mucho, que un ser humano tan extraordinario como Edgar se nos haya ido. Hoy más que nunca te recuerdo y  por eso hago merito a tu vocación y compromiso dedicándote unas palabras en mi blog, que tenía meses de no recibir ni una sola letra. Se te extraña campeón. Gratitud siempre para vos por esa atención médica justa, que sigue fresca en mi memoria.  Por siempre en muchas de mis palabras está tu sabiduría prematura: ¡Ves como ni la muerte pudo con nosotros! Gracias Edgar, querido amigo.