Esa indiferencia que empeña nuestra niñez

Con una regularidad inusual recibimos alertas en mensajes de texto a nuestros teléfonos celulares donde nos señalan con nombres y apellidos como la niñez se ve vulnerabilizada constantemente producto de desapariciones.

Fenómenos como éstos nos hacen preocuparnos de inmediato ligando esas ausencias de niños y niñas con acciones ilegítimas vinculadas a la explotación sexual comercial o al tráfico de órganos.

A este mal se une otra realidad, que afecta nuestra niñez, los embarazos en edades tempranas y los fallecimientos de niños víctimas de la violencia. El pasado mes de febrero nos dejó lecciones muy difíciles en ese sentido: el crimen escandaloso en Matapalo, la niña de Coronado, que le fracturaron el cráneo o la otra infante de tres años contagiada con Sífilis víctima de abuso.

La agresión contra nuestros infantes, especialmente dentro de sus propias casas lejos de retroceder ha venido en aumento en número de casos y lesiones desastrosas. Para muestra la cifra más reciente y dolorosa donde los hospitales reportan a 10 mil menores agredidos al año.

Por eso en este artículo quisiera exponer algunas preocupaciones relacionadas con derechos de la niñez, donde urge una mirada crítica ante la indiferencia de una sociedad, que parece se indigna con el titular en la prensa, pero no da seguimiento a estos flagelos que al final de la jornada afectan a toda una familia y comunidad.

Desaparición, fuga y hogares en deuda

Todo ese discurso colapsa ante un lema en la educación formal donde es común escuchar que “los niños son el futuro de nuestro país”. Sin importar la dura realidad que afronta en diferentes contextos y círculos de violencia familiar.

Las desapariciones de niñas entre 2013 y 2015 sumaron 854 reportes con un promedio de 285 al año -esto quiere decir que de los 365 días del año en un 78% del tiempo la niñas están desapareciendo-.

Cifras tan alarmantes como las vistas anteriormente reflejan una realidad donde el 47 por ciento de las desapariciones es por fuga del hogar: una responsabilidad que también debe estudiarse en el seno de cada hogar. En el caso de los varones menores de edad 270 casos es la cifra reportada.

Autoridades señalan que en la mayoría de los casos el patrón entre niñas de 12 y 17 años es irse con hombres mayores. Números como estos representan una nueva realidad y una preocupación adicional para el Patronato Nacional de la Infancia (PANI). Del mismo modo, lo ha señalado la Fundación Paniamor ya que gracias a experiencias en redes sociales han logrado saber parte de los contextos de muchas adolescentes. Muchos casos de huida de sus hogares están involucrados en relaciones indebidas, donde el abusos de poder y la edad median en la afectación de las niñas.

Habría que hacer un cruce de datos entre las desapariciones, los embarazos y el trabajo de los niños en los colegios para saber si existe de casualidad alguna coincidencia. Ante la ausencia de un estudio de este tipo conviene visualizar los embarazos en la primaria y la secundaria así como en los colegios nocturnos. En colegios nocturnos, el porcentaje de menores de edad que estudian y trabajan es más de nueve veces el porcentaje en los colegios diurnos. La relación entre la deserción y el trabajo no son del todo halagadoras alcanzando casi un 10 por ciento.

En los colegios nocturnos el mayor registro de embarazos se da en el 2009 y 2010, con 238 y 236 casos. Es importante tener en cuenta, que en los colegios nocturnos una gran cantidad de las mujeres matriculadas son mayores de edad. La edad promedio de las estudiantes embarazadas menores de edad en el transcurso de los cursos lectivos ronda los 14 años.

Falta educar en derechos humanos

La poca compresión de la vivencia particular en algunos hogares de esas niñas y niños representa el poco interés también de la población en denunciar y hacer ejercer todo un protocolo de derechos humanos.

Bien relataba Alberto Maturana y Francisco Varela en El árbol del conocimiento, una anécdota bastante curiosa: en Nueva York, en el Barrio del Bronx, hay un zoológico dentro del cual nos topamos con un gran pabellón dedicado expresamente a los primates. Los hay de todos los tipos y clases: gorilas, macacos, chimpancés, gibones; pero lo que más llama la atención es que en el fondo, apartada, nos encontramos con una jaula bien protegida y cerrada con barrotes muy gruesos.

Cuando uno se acerca a ella puede leer un rótulo que dice: “El primate más peligroso del planeta”. Y al mirar entre las barras de hierro, con sorpresa, uno ve su propia cara. El hombre ha matado más especies sobre el planeta que nadie.

Por eso la indiferencia de nuestra sociedad debe ser sustituida por el compromiso y la solidaridad. Porque cuando la denuncia se hace y los vecindarios no colaboran en la protección de menores también se consiente al agresor: todos espacios de violencia donde mujeres lideres de hogar que han sido víctimas de la indiferencia y del maldito olvido.

El mundo con el pasar del tiempo ha olvidado depositar en sus corazones el humanismo como herramienta máxima de convivencia de vida. La niñez vivencia esa realidad con el total irrespeto a los derechos humanos y tal parece que solo son noticias: no hay una intervención ciudadana de solidaridad.

Ante esto desde el Ministerio de Educación Pública y el Colegio de Periodistas hemos impulsado una campaña con el fin de implementar actividades que promuevan  los derechos de los niños y las niñas y para la prevención de la violencia infantil.

El mensaje va dirigido en dos vías: el eslogan de los adultos es “Yo me apunto a respetar los derechos de la niñez”, y el que demandan los menores en la voz de niños y niñas de diversas escuelas que participaron en la elaboración de videos es el mensaje  “Apúntate a respetar mis derechos”.

Yo me apunto a respetar los derechos de la niñez