Niñez perdida en el infortunio

Por: Gineth Rivera / historiadora

Le voy a contar la verdad es que mi mamá hacia trabajos que a mí no me gustaban, siempre había hombres distintos en casa -igual siempre vivíamos en la miseria-. Lo peor no era la falta de arroz y frijoles sino que ella siempre estaba drogada. Mientras mi hermana y yo pensábamos que estaba enferma y tomaba sus medicinas.

De milagro estamos vivas si las desgracias caminaban más rápido, que nuestras pequeñas mentes y eso lo marca a uno. Una vez entraron a la casa unos hombres armados, ellos buscaban un cliente que frecuentaba la casa los jueves por la tarde -eso ellos no lo sabían- mi mamá estaba tirada en la cama “reposando su medicamento” mi hermana y yo del susto nos metimos en un baúl grande que habían en la casa.

El baúl nos protegió de los balazos pero no del miedo. El corazón de mi hermana latía tan fuerte que lo sentía en mi pecho o de repente era el mío, pero de la tensión del momento no lo asimilaba. La duda de esos latidos era el menor problema que tenía en ese momento no podía darle la mano a mi hermana porque la tenia en carne viva, con la mala suerte que a pocos días un cliente de mi mamá la había castigado al ignorar sus petición de hacerle un trago mientras ésta jugaba -él le puso las manos sobre el disco de la cocina caliente-.

Al ir creciendo uno va aprendiendo de la vida; en busca de un destino distinto para mí y para ella yo necesitaba ser más avispada que mi mamá. Yo era muy bonita y varios hombres querían pagarme por compañía, primero solo les vendía compañía y así tuve varios clientes para la compra de mi virginidad.

Yo aprendí a hacer trampa: vendí algo que no podía ofrecer, porque un maldito me la robo. Para esas edades tempranas desconocía el negocio del amor; solo pensé que me toco como obra de la vida, como legado de mi mamá: esa misma que dormía mientras yo soportaba el trabajito. Esa primera experiencia sin pago alguno y tutelado en la justicia garantista como violación.

Analicé los movimientos de fichas en el negocio, sabiendo que tenía que ser diferente a mi mamá y así mi hermana tendría una vida distinta del servicio del amor, seguro le hizo falta porque ella se encarga de la administración de los negocios mientras hay claridad y yo durante la “claridad artificial” en la oscuridad.

Mi vida es distinta a la de mi mamá pero anclada en su pasado, por eso me he rodeado de amargura, supervivencia, perjuicio, amor y compasión: una historia que se resume en ELLA, que guarda cicatrices en su alma, sus manos y su corazón.

Abuso. Fotografía: Gineth Rivera.

Abuso. Fotografía: Gineth Rivera.

Sígueme

Marlon Mora

Periodista @canalucr. Académico #UNA. Director de los proyectos @votoCR @panycircocr y Humanismo UNA. Consultor ONU. #DDHH #Periodismo #ComunicaciónPolítica
Sígueme

Latest posts by Marlon Mora (see all)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *