Los utensilios para hacer el amor

sexualidad

La tienda y la acción.

Por: Alejandro Mora / historiador

En una de esas conversaciones de banalidades, como les llama un amigo, salió el tema de averiguar qué productos, implementos u otras chucherías cargan en su bolso o mejor dicho bolsito las llamadas trabajadoras del sexo; es curioso el que la gente dé por un hecho la situación, pero no su conformación; porque estoy seguro que poca gente se ha detenido en dichos detalles y en tratar de averiguar con la rigurosidad científica debida.

Dicha rigurosidad me llevo a buscar como fuente no al usuario sino a la proveedora, pues al final quién, sino una de las dueñas de una tienda de productos eróticos como la mejor informante; imagínenlo así ¿cuánto tiempo se puede tardar y a cuántas mujeres debía encuestar y a la vez interrumpir de sus funciones para obtener estos datos? Por eso me fui directo a conversar con la informante clave.

La ventana: cataplum

De esas vitrinas típicas de tienda que quiere llamar la atención de una manera sutil y morbosa, la tienda en cuestión nos daba un ligero adelanto de lo que en su interior íbamos a encontrar. Quizá por lo que representa nuestra extraña forma de ser, agazapada mejor dicho, es que no observamos mayores cosas en las vitrinas, nada fuera de “normal” se observaba, digamos ropa estrafalaria, algunos disfraces e incluso juegos para parejas se muestran al pasante.

Al momento de abordar a dueña del establecimiento y de comentarle nuestro objetivo, todo dentro de un proyecto que busca romper estereotipos e informar sobre los desinformados que somos; notamos una total disponibilidad y simpatía para con nuestra curiosa idea. Es así como se inicio una simpática, pero interesante conversación:

– ¿Entonces, uno podría afirmar que no solo “clientes frecuentes” vienen acá de compras?

– “Pues, así es”, afirmó. “La tienda tiene una clientela muy diversa, ya que vienen desde personas a curiosear y ver si llevan algo hasta personas que saben qué quieren y son frecuentes. Un sex shop no son solo condones o lubricantes, ni siquiera solo dildos o muñecas inflables, son artículos que complementan la vida e interacción de parejas de cualquier preferencia sexual”.

– ¿Cómo diría usted que actúan los compradores? – le pregunté -.

– “Pues el costarricense promedio es sumamente morboso y malpensado, basta con ver a los que pasan por frente de la vitrina y sus reacciones, de hecho por eso pensamos en no exhibir ciertas cosas ahí para tratar de hacer que al menos entren a la tienda; incluso hay ciertas restricciones de qué mostrar y qué no, usted sabe, por pasar menores de edad y gente conservadora”.

Una risa y ciertos gestos me hicieron ver que me encontraba ante alguien más abierto en formas de concebir la sexualidad y el placer. Algo difícil de encontrar en personas de su edad hoy por hoy. Pero dígame, las clientes que se dedican al sexo como profesión ¿Qué le compran?

– “Pues ellas y ellos, porque también tenemos hombres en ese sentido, los llamado strippers y acompañantes, suelen llevar cierto tipo de lencería, es más venga a la sala aparte de la tienda para mostrarle mejor”.

Me llevó a un espacio aislado y hasta separado por rótulos que indicaba Prohibido el ingreso a menores de edad.

– “Ve estas cosas son las que llevan, porque el erotismo debe estar presente en sus actos, ya sean públicos o privados”.

– Mmmm… interesante, uno pensaría en cosas más físicas o productos químicos.

– “Claro, es lo típico, lo básico pensaría yo; pero incluso nosotros tenemos juegos de mesa, artículos de fiesta para despedidas de solteras, disfraces, ropa y productos u objetos de placer que usted tiene en mente”.

– “Como usted lo dijo, lo típico, lo básico”.

– “Yo que llevo tiempo en esto, le podría decir que hay cosas que siempre encontrará en el bolso o maletín de estas personas, esas serían: preservativos, lubricante, chicles, gas pimienta en el caso de las mujeres sino algo más agresivo para su defensa”.

– ¿Más agresivo? – dije -.

– “Sí, armas de fuego, pequeñas. ¿Nunca ha escuchado la canción de Rubén Blades de Pedro Navaja?”.

– Sonreí y le reconocí que sí la había escuchado cientos de veces…

– “Las mujeres somos desconfiadas y a falta de físico pues algo así les garantiza un poco de paz; aunque hablando con algunas me han dicho que tienen alguien que les apoya, les vigila y que sabe dónde se encuentran por aquello que pase algo, vaya y observa en las zonas del Rey o en Amón y Otoya y verá que no le miento. Los varones son distintos, tienen ventajas físicas. Ya cuando tienen clientes especiales, pues vemos otros productos en sus bolsos, como dildos, cremas, esposas, mecates y poppers. Hay tanto, los travestis y prostitutas son los que más ropa compran”.

Ver tanta cosa en un lugar, incluso objetos que no me imaginaba me dejó una cierta lección, puesto que la sociedad y el contexto de esta nos limita terriblemente, ver con la libertad con que me habló quien me atendió es un contraste a lo existente en el país, el placer debe ser algo democrático, algo que se viva y experimente sin que te digan qué hacer y qué no, o sin que se cuestione el porqué se lleva a niveles que le pueden resultar incómodos a grupos que buscan mantener el status quo; yo creo que lo que nunca nos puede faltar en el bolso, cartera o maletín es las ganas de vivir al máximo lo que somos y no dejar que nos limiten.

Tienda

La tienda y la ventana del cataplum.

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Marlon Mora

Periodista @canalucr. Académico #UNA. Director de los proyectos @votoCR @panycircocr y Humanismo UNA. Consultor ONU. #DDHH #Periodismo #ComunicaciónPolítica
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2 thoughts on “Los utensilios para hacer el amor

  1. Ericka says:

    Muy muy bien …. esos escritos que te dejan con las ganas de leer más !! El placer debe ser democrático … buena frase mi amigo.

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