Carta de un abuelo indignado: el mío.

Este árbol murió de pie…


PRIMERA PARTE

Debo confesar que esto fue un sueño, pero guarda total correspondencia con la vida real. Mi abuelo murió hace algunos años, pero un reciente evento en nuestra calle se lo hubiese llevado de golpe, al menos eso me dijo en un encuentro en otra dimensión. Su reclamo válido y mi dolor por no cumplir el deber encomendado.
Al finalizar el mes de agosto un árbol de manga de esos que dan alrededor de 1000 en su temporada fue asesinado vilmente sin autorización previa mía y menos del resto de personas que compartimos ahora esa maldita calle, donde los pajaritos ya no cantan sino hacen silencio… se han ido.
Este árbol tenía más de 70 años, era frondoso, nos daba sombra, cobijaba animales nocturnos y diurnos. En las picantes mañanas de abril era bueno reposar en sus raíces y en las tardes lluviosas de setiembre era la mejor sombrilla improvisada.  En mi infancia jugué allí junto a mi primo Marquillos, conocido por un sobrenombre que le encaramé en lo íntimo de la familia, le llamábamos Beethoven, pero no era por artista sino más bien por otra cosa.
Sus mangas eran jugosas, maduras, con crunch si se disfrutaban verdes o como para antojo de embarazadas pintonas.  El día que lo cortaron llegaron dos tipos a los cuales fotografíe y puse en la lista de asesinos de árboles (ellos no tienen la culpa he de aclararlo, fueron mandados).
En aquel árbol habitaban ardillas, insectos, zorros de paso, abejas, avispas, pájaros dediferentes especies (yigüirros, pecho amarillo, zanates, carpinteros,gavilanes); desgraciadamente, ahora ni los zonchos se arriman.

SEGUNDA PARTE…

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