Cuando «papi» jala el mecate

¿A mayor riesgo mayor la multa?

Para esta temporada de verano causó gran indignación en la población una decisión de la Sala Constitucional, en particular, la de eliminar las multas por alta velocidad. Mucho se habló en redes sociales y medios de comunicación colectiva: producto de ese debate tengo mis reflexiones personales y quisiera compartirlas desde una crítica a lo que en los últimos meses se ha consolidad en el vox populi como la peor asamblea de todos los tiempos.
Mucho se dice contra los magistrados que tomaron la decisión de cambiar las multas de más de 300 mil a cinco mil colones. Lo que no se dice es que una multa de esa índole supera el ingreso mensual promedio de más de la mitad de los hogares costarricenses y que eso significa una regla que afectaría a más de 500 mil familias en su economía cotidiana: vivienda, alimentación, educación para sus hijos, entre otros rubros.
Bendita modernidad. No quiero hacer de procurador de ese leviatán y menos de los responsables en la resolución de esos recursos ante la nueva y posmoderna Ley de Tránsito. Lo que quiero destacar es el punto en que nos encontramos: donde la culpa no es de la Sala Constitucional sino obedece a una cadena de errores que inclusive, recientemente, reconoció la fracción oficialista. Una junta de eslabones que explica el porqué podría juzgárseles en la historia como la peor cámara.

Nadie se salva…
Se debe recordar que para la creación de semejante mata moscas el amarillismo político se nutrió de aquellas noticias que mostraban los medios de comunicación como plegaria junto con las familias afectadas por borrachos al volante. Al final acabaron por encontrar eco en un congreso deseoso de figurar y obtener micrófonos para sus parlamentarios, que necesitan de la mejor comunicación política para levantar esas curules llenas de dudas y de un trabajo que no llega a más o menos. Así la Ley de Tránsito agarró cancha y, efectivamente, pescó a más de uno o diría liquidó a más uno con tremendo mata insectos.
Padre de respeto. De esta manera, el esquema es el siguiente: un ejecutivo, que es el hermano con mayoría de edad y licencia recién estrenada con capacidades plenipotenciarias, el mismo que no aparece en casa (y cuando habla es para meter la pata desde principios como la diversidad y  el respeto a las minorías). Por otro lado, un legislativo, que es el hermanito vago, que no llega a “chancletudo” y solo ve televisión de esa de espectáculos light. Mientras, una la sala conocida en la gran casa como “papi es papi”, costrea y pone orden a los big brothers.

A los pies de papá
Y aunque en esa casa el papi siempre cae mal debemos recordar que seguirá cayendo mal ese es su karma. Una bendición para el limpio, jodido, endeble, necesitado y también para el que está indignado -ahora que está de moda- ante la ausencia del hermanillo mayor, que cuando aparece es para enredar más el asunto.
Deberíamos tener memoria porque esa multa obligaba al ciudadano a pagar alrededor de ¢300 mil: un monto desproporcional para la mayoría de la población costarricense. Les recuerdo que aún continúan vigentes esas mismas multas por faltas se supone menos riesgosas como manejar hablando por celular, no portar chaleco de seguridad entre otros con montos desproporcionados e irracionales. Así que escucharemos más de la casa de big brother donde papi seguirá siendo papi ante el peor senado de la historia…
Dr. Marlon Mora
Académico e investigador universitario
Universidad Nacional de Costa Rica
Junta Directiva Colegio de Periodistas

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