Columna de opinión Con Doble M

Cuando la devolución es justo en la puerta del dintel…

¿Qué pasaría si nuestra vida iniciará cuando va terminando? De seguro las cosas serían muy diferentes por eso me he animado a darles una probadita.

Para empezar naceríamos de un sopetón abriendo los ojos, producto de un tremendo extrañismo, tal vez rodeado de hombres y mujeres, vestidos todos de blanco con guantes y miradas desorbitadas, que con instrumentos y demás complejos sistemas desfibriladores tratarían de revivir ese cuerpo inerte para salvarte la vida. El único problema de aquella peripecia sería que nunca pasaste al otro lado. No moriste sino el reloj empezó para atrás a devolverte los años.

Los primeros años serían difíciles la razón pasarías de hospital en hospital: asma, quebradora de cadera, cáncer, próstata, debilidad, azúcar, presión alta, dolores múltiples e insomnio serían algunas de las vicisitudes de ese inicio, uno tortuoso en el sentido de las intervenciones recibidas. Todas invasivas y siempre vistas desde la patología. La cama sería una compañera, que la dejarías a poquitos para migrar a la andadera, el bordón y el caminar lento.

Del estrés a la renovación del ADN

Con el paso del tiempo, las operaciones ya no serían más un trauma, porque cada vez que salieras de una cirugía en lugar de ganar cicatrices, mandarías al olvido toda marca. Tu piel volvería a la normalidad y al rebosante colágeno tan deseado en ese ADN. Ya no tendrías porque preocuparte, en vez de enfermar la cura estaría a flor de piel.

En lugar de tener nietos pasarías a tener hijos y poco a poco a ser más joven. De casado, a soltero y cada vez más vital. Cuando menos pensabas estarías haciendo el amor con toda la experticia a pesar de no saber nada: en tu primera vez.

Tus piernas serían fuertes y tu cuerpo lejos de encogerse lograría como el ave fénix levantar pecho, eliminar canas, calvicie y volver a los viejos tiempos, ahora nuevos con bríos y potencia, que solo da ese ánimo recargado de los primeros años.

Cuando la vida es nueva…

De tu ropa saldrían cada vez más moldes. Toda la enjundia de vida también llegaría a la etapa de la niñez donde poco a poco conquistarías sin saber el valor de las pequeñas cosas. Correrías con desenfreno y olvidarías las recomendaciones de los mayores en simples advertencias de mentirillas. Harías lo que te da la gana. Y lo mejor estarías perdonado por ser un peque rebelde.

Con el pasar del tiempo se te olvidaría hablar y volverías al seno de tu madre donde mediante un líquido cálido volverías de vuelta al génesis. De corazón palpitante y fibra muscular a pequeño huevecillo. Al final de la cuenta, en lugar de morir como esta es una vida al revés acariciarías el orgasmo para volver donde fuiste semilla, donde todavía no eras vida.

Ven como Dios todo lo hace bien. Estoy seguro que no sería tan maravilloso hacerlo al revés. Aunque la vejez pinte difícil, me quedo con la posibilidad de pasar al otro lado antes de quedar sin vida.


Rendimos culto a la belleza…

Por: Marlon Mora

* Fotografías: con fines ilustrativos.

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