Columna de opinión Con Doble M

Quisiera compartir la historia de dos personajes que tenían de todo, pero al final la vida les jugó una, que cambiaría en perspectiva sus sueños y sus posibilidades.

Alejandro Fernández es un tipazo, alto, rubio y con capacidad sobrada para echarle el cuento a cualquiera. Hace muchos años por cosas del destino fue abusado sexualmente por un pariente. En la actualidad tiene 39 años y en el pueblo lo conocen como el matador. No hay mujer que se le resista y desde que se casó hace más de 27 años ha comprobado que su mujer le tiene paciencia.

“Este Jandrito es un ejemplo para nosotros sin proponérselo le salen unos güilones, que uno no podría negarles un poquito de amor nocturno”, comentó uno de sus amigos y gran admirador de sus fechorías, Pepe Chavarría.

Con el paso del tiempo esa reputación le ha merecido algunos problemas con hombres casados o solteros celosos. Su respuesta siempre es la misma: “Yo no busco, a mí me buscan”, dice frecuentemente con un tono de rajón de primera.

A pesar de todas las características de varón superpoderoso en la casa aquella reputación no le vale de mucho. Inclusive, en los pensamientos de su esposa yace un marido en realidad muy poco activo.

Con el paso del tiempo dicen que solo hay una amiga, que conoce ese otro lado de Alejandro Fernández. La razón en la escuela, él mismo le confesaría su predilección por los hombres. Debe ser por eso que es común verlo pasando jornadas largas con sus amigos, mientras presume sus andanzas tal vez casi nunca consumadas.

Del otro lado de la moneda

Luisa Dosamantes es una mujer preciosa de pies a cabeza. Cuando camina no solo hipnotiza con su movimiento de piernas sino con la liberación de sus feromonas, un perfume de perfecta química corporal, hace que le sigan el camino al olfato de kilómetros de distancia.

Esta chica de 24 años tiene todo lo que necesita para triunfar en la vida: belleza, inteligencia y chequera con buenos fondos. Lamentablemente, hace algunos años después de una decepción amorosa se refugió en el libertinaje y la utilización de drogas.

Lo lamentable es que unos meses después Luisa no es más la belleza americana que todos admiraban sino una joven de una reputación para nada buena y con un presupuesto que ningún dinero del mundo le salva: tiene Sida.

Retorno

Definitivamente, Alejandro quisiera volver a su infancia y evitar aquel desastre que cambiaría su vida. Peor aún lo que hace a sus hijos y a su esposa por una simple decisión que marcó hasta a sus mejores amigos. Sin embargo, hace unas semanas declaró abiertamente su homosexualidad y hoy es un hombre feliz, cuida a sus hijos y respeta a su esposa. No tiene pareja decidió darse unas vacaciones.

En el caso de Luisa sus aprendizajes son hoy taller para muchos de sus amigos y parientes. Su vida no puede cambiar, en especial, la enfermedad que carga consigo, pero si sabe hacer bien el compartir su experiencia para que otros aprendan lo peligros de tomarse la vida tan a la ligera…

Ahí tiene un poquito de ficción y realidad, que agota las posibilidades de cualquiera.

Por: Marlon Mora

Sígueme

Marlon Mora

Periodista @canalucr. Académico #UNA. Director de los proyectos @votoCR @panycircocr y Humanismo UNA. Consultor ONU. #DDHH #Periodismo #ComunicaciónPolítica
Sígueme

Latest posts by Marlon Mora (see all)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *